Bailando en Cuba: Segundas partes si fueron buenas

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Por: Maya Quiroga

Fotos: @bailandoencuba/ Facebook

Cada noche de domingo, desde el mes de febrero, gran parte de la familia cubana siguió con atención las emisiones del espacio televisivo Bailando en Cuba. En su segunda temporada volvió a contar  con la dirección de Manuel Ortega, avezado realizador que conoce bien cómo mezclar los ingredientes necesarios para combinar determinadas dosis de cultura sin olvidar la importancia del entretenimiento en un producto audiovisual.

Si de algo no careció este programa fue de momentos signados por la cultura popular, esa donde el baile se entronca con la nacionalidad. Muy disfrutables resultaron las diez galas tematizadas que tuvieron por escenario al capitalino teatro Astral, así como los sui géneris reportajes –con aliento de video clip– conducidos de manera jovial y desenfada por el coreógrafo y bailarín Roclan González, para visibilizar en pantalla la obra de grupos portadores músico-danzarios, desde sus propias comunidades.

De la emisión anterior extrañé una mayor presencia y variedad de otras compañías más allá de Revolution, dirigida por Roclan; Lizt Alfonso Dance Cuba, y las compañías del Premio Nacional de Danza, Santiago Alfonso y la coreógrafa española Susana Pous.

Por cierto, muy merecido el homenaje de Susana, a su maestra Lourdes Ulacia, a quien la española reconoció públicamente por todo lo que aprendió de ella, aquí, en la Universidad de las Artes.  El nombre de Lourdes se hizo familiar para la familia cubana justipreciando así una labor anónima que ha realizado como docente a lo largo de su vida.

Invitar a Lourdes a fungir como jurado durante dos semanas y luego, en la gran final, fue un verdadero acto de justicia y delicadeza con una figura de su talla. Las opiniones de la maestra siempre fueron moderadas pero muy certeras.

Camila Arteche, Carlos Solar y Marlon Pijuán fueron los presentadores de este show televisivo. Camila, por momentos sonaba altisonante, con un estilo muy feriado, en otras ocasiones encontró la nota adecuada. Solar, se mostraba entre sobrio y comedido. Mientras Marlon, manejaba la escena a su antojo valiéndose de la experiencia que le aportó desempeñar esa misma función en el programa La Colmena TV.

A mi juicio, Marlon no debería estar en ambos espacios porque ya ha dejado de ser un adolescente. Pienso que encontró su lugar en Bailando en Cuba. Además no sería prudente que ambos programas contaminen sus estéticas y contenidos ya que tienen objetivos similares pero no iguales.  Así se evitaría una pérdida de identidad como sucede en algunos habituales de la televisión nacional donde se repiten los mismos rostros de los presentadores de moda, en iguales horarios y diferentes canales.

Bailando en Cuba vuelve a demostrar que cuando se cuenta con todos los recursos, se puede realizar una producción adecuada. Si el personal se siente estimulado, monetariamente hablando, todo fluye mucho mejor y hasta es posible grabar un programa el viernes o el sábado y que esté en pantalla el domingo, con un resumen de los acontecimientos culturales y políticos más importantes de la semana.

Lo anterior posibilitó mostrar una visita a Playa Girón, la fiesta de 15 de adolescentes con discapacidades que estudian en la Escuela Solidaridad con Panamá y hasta un recorrido por el Museo Nacional de Bellas Artes, próximo a celebrar su aniversario 105.

De seguro ninguno de los jóvenes concursantes olvidará las clases magistrales recibidas, la excursión al Parque Almendares de La Habana, donde adquirieron un poco de conciencia ecológica o al Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), algo totalmente atípico para un show televisivo de cualquier otra latitud, según me manifestó una bailarina alemana con quien asistí un viernes a la grabación de Bailando en Cuba. Nada de eso sería posible sin el guión bien hilvanado por la experimentada Lil Romero.

No es lo mismo ver el programa en casa que estar en el Teatro Astral y captar la energía que se respira allí. El espacio se graba con más de diez cámaras, sin embargo aparece poco el público en pantalla y son los fanáticos de cada pareja los más alegres durante la filmación. Aunque en las últimas emisiones se mostró al público en algunos planos sería bueno que en algún momento los presentadores interactuaran más de cerca con los espectadores presentes en el teatro.

El programa atrapa la atención pero es demasiado extenso. Sentarse durante una hora y media frente al televisor demanda mucho poder de concentración. A la larga, el plato fuerte sigue siendo la competencia. Quizá se pudiera pensar en algunas emisiones semanales que funcionaran como una suerte de making of de Bailando en Cuba.

No me quedó claro el sistema de evaluación del jurado. En la primera edición era escaso el margen de error acerca de cuál sería la pareja ganadora. Si la puntuación fuera acumulativa durante cada emisión se facilitaría el trabajo de los jueces a la hora de decidir quién va o no a la zona de peligro. Para el próximo año esperamos otras novedades con que nos sorprenda la tropa comandada por Manolito Ortega.

Bailando en Cuba (dos) tuvo como ganadora absoluta a la pareja número 9 (Gleyner Jesús Delgado Nápoles y Daniela Rojas O´Farril). En el mes de septiembre formarán parte del elenco de Carmina Burana como parte del premio otorgado por Crea Dance Fundation y la señora María Robira, de Barcelona, España.

Este año el premio de la popularidad recayó en la pareja número 13 (Jorge Luis Calvaire Cuba y Zaida Liz Aymerich Medina). Junto a la pareja 15 (Eduard Zaldívar Valdés y Maydelis  J. Martínez Romero) participarán en el  Festival Salsa Casino de Cancún.


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