Documentales de Chano Pozo

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Por: Rafael Lam

En esta Feria Internacional del Libro 2018, y en lo que queda de año,  se presentarán dos libros sobre la vida y obra de Chano Pozo, en recordatorio por el aniversario 70, el 3 de diciembre, del fallecimiento del gran tamborero.

El primer libro le pertenece a Ricardo Oropesa y se titula Las oscuras leyendas de Chano Pozo, dedicado al pensamiento musical y su proceso creador. El otro libro es de Rosa Marquetti y se titula Chano Pozo. La vida 1914-1948, en el que se ofrece una nueva visión, lo más acertada posible de la vida y obra de un mito del tambor cubano y americano.

Sobre los documentales de Chano hay mucho que hablar y  seguramente se expondrán nuevamente en este año del aniversario 70 de su muerte. Cabe destacar uno de la autoría de Rebeca Chávez que lleva el nombre de Buscando a Chano Pozo, en el cual se muestran una serie de informaciones y declaraciones sobre el músico habanero.

De esta manera existe otro de la realizadora Ileana Rodríguez: Chano Pozo, La leyenda negra. El material posee muchas ilustraciones del creador de tantas composiciones rumberas. Las vistas de Manhattan y de Nueva York, así como las entrevistas a familiares de Chano y a algunos intelectuales y estudiosos de la música, realzan la validez del mismo.

Manteca, mondongo y bacalao con pan, es un documental de Pavel Giroud, que hace referencia a la obra cumbre de Chano (Manteca, compartida con Dizzy Gillespie), y también al tema del pianista Frank Emilio y al de Los Irakere, banda de Chucho Valdés. En este caso no se trata de un documental de Chano, pero hace referencia al gran virtuoso de las congas cubanas.

En algunos de estos documentales encontramos errores e imprecisiones, debido a que en muchas ocasiones los realizadores no se asesoran convenientemente de verdaderos especialistas y estudiosos de la música, error que se comete también en la radio, la televisión, el cine, las disqueras y en todos los medios. Como dice en una frase Changuito “Los genios no han entrado en la escena”.

¿Quién era Chano Pozo?

Al igual que Benny Moré, Luciano Pozo González Chano, vivió una vida azarosa, complicada, algo de leyenda propia de una novela o de muchas películas. Se trata de dos genios de la música cubana que hay que tratar con mucho cuidado y conocimiento.

Chano vivió en solares, pasó hambre, desolación y discriminaciones. Su talento en los tambores lo fueron llevando a las comparsas de El barracón, La mexicana, La Colombia, La sultana, La jardinera, Los Dandy.

Por un azar logra presentarse en la emisora RHC Cadena Azul y luego funda el conjunto Azul, junto a Féliz Chapottín. Trabaja con Mongo Santamaría, Rita Montaner y Bola de Nieve en el show Congo Pantera del fastuoso Cabaret Tropicana. Fue miembro de la orquesta de los Hermanos Palau y hasta tuvo una escuela para ofrecer clases a turistas interesados en la rumba.

Apoyado por su amigo de la infancia el gran cantante Miguelito Valdés, Chano logra viajar hasta Nueva York, la selva de la música en América. Se presenta con el show de Catherine Dunham, y Mario Bauzá lo contacta con el monstruo del jazz: Dizzy Gillespie, que andaba en busca de un gran virtuoso de la percusión cubana. Ambos realizaron una gira por EE.UU. y Europa.

Se presentaron el 29 de septiembre de 1947 en el aristocrático teatro Carnegie Hall, donde tocó  la obra Afro-Cuban Drum Suite. La consagración llegó el 25 de diciembre en un gran concierto en el Town Hall junto al jazzista. Fueron la explosión del año.

Dizzy Gillespie llegó a decir que Chano era tamborero más grande que había oído en su vida.

Dizzy y Chano, por iniciativa del cubano produjeron una obra cumbre del latin jazz: Manteca, el 30 de diciembre de 1947, fue grabada en la RCA. También el músico cubano dejó otras obras dignas de atención: Tin tin deo, Cubana bop, Woodyin´  you (Algo bueno), Cool Breeze, Afro Cubana-be, Cubana Bop (suite de jazz afrocubano).

El gran tamborero cristalizó el jazz latino (cubano), redimió el tambor, la música marginada la encaramó en el escenario de los mejores salones del mundo. Supo adaptar  los patrones rítmicos de la tumbadora en los géneros tradicionales cubanos, como nos dice Leonardo Acosta y Doerschuk.

 

 


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