Chano Pozo en la pantalla. Centenario del Rey del Tambor

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Por: Rafael Lam

En el centenario del Rey del Tambor, Chano Pozo, aparecen en las librerías: Las oscuras leyendas de Chano Pozo de Ricardo Oropesa Fernández y Chano Pozo. La vida de Rosa Marquetti Torres, creadora del blog Desmemoriados.

Chano fue llevado a la pantalla a través del documental de Rebeca Chávez Buscando a Chano Pozo 35 mm. Blanco y negro. 748 metros. 27 minutos. Panorámico. Camarógrafo Roberto Fernández. Productor Olga María Fernández. Editora Gladys Cambre. Sonido Leonardo Sorrell. En el documental aparece Miguelito Valdés, especie de mecenas de Chano Pozo.

Chano Pozo es una vida muy rica para cualquier tipo de documental, donde hay un gran músico hay mito y eso hace más atractivo el material audiovisual. Él no solo tocó mucho, compuso en grande, también vivió a toda carrera. Se dice que cuando se vive atropelladamente, se consume en poco tiempo los años que te da la vida y, la naturaleza siempre toma sus desquites.

Pero la vida de los ídolos musicales está llena de avatares, de herencias tristes y dolorosas, de oscuras leyendas, para utilizar el título del libro de Ricardo Oropesa Fernández.

Materiales cinematográficos de Chano Pozo tocando no quedaron para la historia. La gente tiene que imaginar la manera en que tocaba el Rey. Tiene que haber sido genial, espectacular, para que, muy temprano a los 25 años, más o menos, ya estuviera en el cabaret más popular y conocido del turismo estadounidense el Edén Concert (detrás de lo que ahora es el hotel Parque Central y frente al Museo de los Bomberos). También Chano estuvo en uno de los cabarets que despuntaba en La Habana: Tropicana, donde fue escogido para la revista Congo pantera.

Era una figura cumbre en la famosa comparsa de Los Dandy de Belén, donde bailaba con frac o traje dril cien blanco impecable, como si fuera el presidente del país.  

Como vemos, en una época de sobrada discriminación racial es asombroso que un tamborero heredero de África, pudiera campear por su respeto en la gran ciudad tan glamorosa como era, con sus desigualdades al paso. Pero, Chano vivió como quiso, murió a los 33 años (dicen la gente que a la edad de Cristo), con sólo 33 años quiso acabar con el mundo y el mundo pronto acabó con él.

De cualquier manera queda el mito, queda la leyenda, tanto así es que en 1985 y 1986 el célebre jazzista Dizzy Gillespie vino a La Habana con el objetivo esencial de lograr una estatua para Chano Pozo en La Habana. Todavía siguen visitando, en la 25 Lenox Ave, en Nueva York, donde se encontraba en Café Río, el local donde falleció hace 70 años.

Los mitos persisten, la gente vive de esas leyendas, para tener motivos para seguir fabulando. Esto nos demuestra que, los artistas, aunque en un momento dado sean menospreciados, discriminados, hay que seguirles la pista, conocer su mundo, porque, al paso de los años, devienen leyendas y mitos.

Los artistas son personas igual que otras, pero hay cosas en ellos cercanas y lejanas a la vez que los hacen tener un aura de misterio, esa es parte de la vida de ellos. Busque un libro publicado por el ICAIC en el 2001, llamado Teorías de las artes visuales, de Adolfo Colombres y, estudie sociológicamente el arte y verá que las cosas no son tan simples como pensamos. Observaremos que el arte y el mito van juntos, se erigen en símbolos (véase el caso de Benny Moré).

Todo mito es creación. La verdadera obra de arte aspira a convertirse en paradigma. El arte busca reproducir los mecanismos del mito porque sabe que solo de esa manera, entrando en la zona sagrada del mito, podrá perdurar, volverse un patrimonio social. (Véanse los mitos de Grecia y Roma). Para Lévi-Strauss, el mito recorre el mismo camino que el arte, aunque con un sentido distinto.


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