De Amores y Esperanzas: conflictos familiares en televisión

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Por: Maya Quiroga

Fotos: Fotogramas de la serie De Amores y Esperanzas

Cada sábado del verano en las noches del Canal Cubavisión se pudo disfrutar la recién finalizada serie De amores y esperanzas, obra de ficción, inspirada en hechos reales, con guion y dirección de la actriz Raquel González.

La segunda temporada de este dramatizado, producido por RTV Comercial, contó con trece capítulos, de 57 minutos de duración que, nuevamente, centraron la mirada en varios dramas familiares, vistos desde el perfil de un bufete de abogados, tópico poco abordado en la programación televisiva cubana de los últimos años.

En las actuaciones de Edith Massola, Coralia Veloz, Irela Bravo y Corina Mestre –que encarnan a trabajadoras de la Organización Nacional de Bufetes Colectivos y el Tribunal Provincial de La Habana–, descansa la columna vertebral de este audiovisual donde el tema principal es la convivencia humana, en distintos escenarios: la unión extramatrimonial de los jóvenes de hoy; la enseñanza especial; la vida en hogares para niños sin amparo filial; el racismo; la homofobia, así como las enfermedades del siglo XXI como la depresión, las prisiones para mujeres y su reinserción a la sociedad.

La serie puso el dedo en la llaga para reflejar de manera coherente muchas miserias humanas que nacen por problemas relacionados con herencias, violencia intrafamiliar y otros males con los que se ven obligados a convivir, cada día, los representantes de la Unión de Juristas de Cuba.

En cada capítulo primó la sensibilidad de la escritora, quien, luego de una profunda investigación, trató de matizar las historias para que resultaran menos duras que en la vida real y no perdieran la verosimilitud que demanda cualquier producto audiovisual, algo que hubiera resultado más difícil sin la labor desarrollada por la asesora Aida Cayón.

Raquel logró reunir a un verdadero elenco de lujo. Estoy convencida de que algunas de esas actuaciones serán premiadas, próximamente, en certámenes del mundo audiovisual. Pudimos disfrutar, una vez más, al recientemente desparecido Rogelio Blaín, a Violeta Rodríguez, a quien hacía mucho tiempo no veíamos en pantalla y que defendió con temple su papel de madre y abogada junto al gran Jorge Martínez.

Intervinieron, igualmente, dos consagradas de las tablas cubanas: Yuliet Cruz y Yailene Sierra. Otras actuaciones dignas de resaltar son las de Jorge Enrique Caballero, Néstor Jiménez, Denys Ramos, Patricio Wood y Roly Chiong.

Cada uno de los roles fue defendido con pasión por representantes de varias generaciones: Félix Soler, Carlos Padrón, Saúl Rojas, Félix Pérez, Teherán Aguilar, Ana Rojas, Paula Rodríguez, Gina Caro, Darly Morales, Keny Cobo, Yessica Borroto, Reina Cueto, Ariadna Núñez, Alicia Hechavarría y Niu Ventura. No podemos olvidar las actuaciones especiales de Manolín Álvarez, Miguel Sosa, Gerardo Riverón, Héctor Echemendía, Aramís Delgado y Rubén Breña, entre otros.

Una grata sorpresa fue la aparición, en el capítulo final de la serie, del popular actor Gastón Pauls quien ofreció una clase magistral, al estilo de los grandes histriones argentinos, en su diálogo con Edith Massola cuando fue a solicitar los servicios de la abogada para establecer una demanda sobre la Patria Potestad de su hija pequeña.

En la serie, quedó claro que el cuerpo legal cubano prioriza a la madre por encima del progenitor, a la hora de establecer la guarda y cuidado de un menor, pero, en casos excepcionales y luego de un análisis riguroso por parte del Tribunal competente, se le puede otorgar ese derecho al padre, aun cuando sea extranjero, porque lo principal es velar por la salud mental y la espiritualidad de los pequeños.

De amores y esperanzas, con producción general de Adriana Moya y Ariam Rivera, resalta por la cuidada dirección de arte de Jorge García que se une a la dirección de fotografía y edición, a cargo de Rafael García Lorenzo, y el sonido directo, de Jorge Fernández y Humberto Brito.

Entre sus grandes atractivos estuvo la utilización, como parte de la banda sonora creada por Alejandro Padrón, de la vasta obra musical de Silvio Rodríguez, desde la presentación del espacio, para subrayar intenciones de personajes y situaciones. El capítulo final concluyó con la asistencia de todos los protagonistas a uno de los memorables conciertos por los barrios habaneros donde el poeta interpretó la canción Venga la esperanza.

Raquel ha anunciado que esta será la última temporada de la serie. En esa decisión influyen varios factores. En primer lugar, se demoró muchos años en poderla materializar, algo que solo fue posible gracias a la mirada previsora de los actuales productores ejecutivos de RTV Comercial. En segundo punto, la realizadora señala que entre una temporada y otra también transcurrió mucho tiempo y eso impidió que la historia fluyera con total naturalidad.

En mi caso particular, no logro rememorar quién fue el actor que interpretó al esposo de Edith Massola, fallecido en la primera temporada. Tampoco me quedó claro qué sucedió con el hijo, fruto de la relación extramarital que sostenía el difunto. Quizá debieron incluirse algunas retrospectivas en la serie que, a manera de flash back, nos recordaran el origen del desacuerdo que generó enemistad entre Edith y Coralita Veloz.

Por suerte, se resolvió con gran habilidad desde el guion, el sufrimiento de Denys quien, finalmente pudo encontrar y perdonar a su madre biológica y así, se vio justificada la presencia del personaje de Jibarito –mis parabienes para el actor que lo encarnó– quien resultó ser el tío abuelo del joven.

Como toda obra humana, De amores y esperanzas, es una serie perfectible pero muy oportuna por las temáticas universales que plantea. Ojalá Raquel tenga la oportunidad de regalarnos otras entregas de este dramatizado que, algunos disfrutaron y otros sufrieron, porque muchos de sus conflictos, les tocaban bien de cerca las fibras de sus corazones.


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