Cada día florece en Estambul

Por: Maya Quiroga

Una vez más regresa a Cuba, el prestigioso actor y dramaturgo uruguayo Iván Solarich para estrenar un unipersonal en la sala Adolfo LLauradó del Centro Cultural Vicente Revuelta. No hay flores en Estambul es el estreno mundial que presenta ahora –dirigido por su hijo Mariano Solarich–, en esta edición 17 del Festival de Teatro de la Habana.

Se trata de una auto ficción, corriente dramatúrgica contemporánea muy en boga en los últimos tiempos, de la cual se vale el actor y escritor para construir un texto muy bien hilvanado.

El actor-dramaturgo toma como pretexto la premiada cinta Expreso de Medianoche, –estrenada en 1978–, para exponer, en poco más de una hora, sus principales obsesiones sobre el cine, la política, la sociedad, la búsqueda de la felicidad, el oportunismo y la responsabilidad que entraña cualquier acto de creación artística.

“Casi cuarenta años después de su estreno me encuentro nuevamente con Expreso de Medianoche, una obra escrita por Oliver Stone, a quien admiro mucho por su postura radical y comprometida, aún cuando forma parte de Hollywood y del stablisment”, dice Solarich padre, quien fabula acerca del momento real en que Stone viaja a Estambul para ofrecer sus disculpas al pueblo turco -por haber modificado la biografía real de Billy Hayes, quien inspiró la escritura de este filme-, debido a los intereses geopolíticos de los Estados Unidos.

Las verdaderas palabras del cineasta no se conocen, pero Solarich –luego de su decepción inicial al conocer cómo la verdad fue manipulada–, prefiere pensar en ese instante cuando Oliver se retracta de haber afirmado, cierta vez, que en Estambul no había ni flores, forma que encontró para desacreditar totalmente a Turquía y denotar que en ese país no existía nada digno de admiración, ni siquiera un escenario natural y bello, lleno de coloridas flores.

En su unipersonal, Solarich les da vida a una docena de personajes para poner en solfa la ética de Hollywood y de sus creadores e intelectuales. Aún así, no deja de admirar la calidad de una película considerada entre las cien con una estructura dramatúrgica perfecta, de acuerdo con el modelo aristotélico clásico, por supuesto.

En cambio, en la obra de teatro, se entremezclan ficción y realidad, en un discurso marcado por la progresión acumulativa y la austeridad de recursos escénicos, para destacar la esencia autoral de Solarich.

Muy importantes resultan en ese juego del cine dentro del teatro, la pantalla donde se reflejan momentos cruciales de la película así como la selección musical, realizada por Mariano Solarich, y el diseño de luces, a cargo de Agustín Romero.

La actuación es la columna vertebral de esta puesta y el actor sale airoso en ese desgarrador ejercicio donde desnuda su alma y da rienda suelta a sus emociones. Por eso el público presente le agradeció con una larguísima ovación que él reciprocó con palabras de elogio hacia el pueblo cubano, con la presencia del Viceministro de Cultura, Fernando Rojas.

Solarich es un filósofo de la contemporaneidad, un existencialista con los pies bien puestos sobre la tierra, que sabe extraer las enseñanzas del pasado para entender los porqués del presente que nos rodea, en el cual, en cualquier momento, puede estallar una guerra nuclear por la prepotencia de quienes dirigen los destinos de la política mundial.

De ahí que Solarich sea uno de los invitados al foro Contextos donde se debatirá en torno al tema ¿Qué podemos hacer hoy?, como parte del evento teórico del festival que tendrá por sede, el martes 24, a partir de las 9 y 30 de la mañana, la sala Abelardo Estorino del Ministerio de Cultura.

Solarich nos invita a meditar acerca de un largo proceso consagrado al arte teatral, que debe ser reflejo de nuestras sociedades, expresión de estos tiempos que corren porque, a fin de cuenta, los teatristas no viven encerrados en una urna de cristal.

“Me gusta el lema del festival: Teatro, Sociedad y Resistencia”, afirma Solarich. Y agrega: “Si me dicen que defina al teatro, de inmediato pienso en esos términos porque el lema que nos convoca nos lleva a reflexionar sobre qué sería resistir desde la cultura”.

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