El cine de rumberas

Por: Rafael Lam

La rumba fue llevada al cine mexicano. Muchas de esas estrellas, por supuesto, provinieron de Cuba, la inventora de la rumba y de mujeres bailarinas mitológicas.

Todas esas mujeres brillaron en una era de exotismo en México, en carpas y teatros como: Blanquita, El Tívoli, el Follies y en muchos otros espacios del espectáculo. A través del cine traspasaron fronteras, sobre todo en una época en que Latinoamérica vivía turbulentos tiempos de prejuicios. Tanto en Cuba como en México el atrevimiento era parte de la vida de los años 40 y 50.

En noviembre de 2016 – cuando la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró la rumba cubana Patrimonio Inmaterial de la Humanidad–, Miguel Barnet, el Presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, dijo las siguientes palabras:

“La rumba de salón, aunque pasó de moda, contribuyó a que el término rumba, el concepto de rumba, se divulgara en el mundo entero; hay que agradecérselo a Xavier Cugat, a las grandes rumberas cubanas que hicieron cine en Cuba y en México, a Maria Antonieta Pons, Ninón Sevilla, a Meche Barba, Amalia Aguilar, Rosa Carmina, a muchas otras. Todas ellas son rumberas de salón en el cine, pero rumberas auténticas de cajón de bacalao y cuchara.

“El cine las llevó a la rumba más estilizada, con otra proyección escénica, fílmica, artística…Ella no quedó en los barrios, es una rumba mixtificada, transculturada, como se le quiera llamar, pero el basamento es la rumba de cajón y la cuchara, la rumba de los solares y los barrios, la rumba que tiene la sensualidad y, por su puesto, su traguito de ron, y que tiene esa expansividad del ser humano que la creó, no para expresar o proyectar sus preocupaciones o sus intenciones de carácter religioso, porque la rumba es profana…”.

El musicólogo de Texas, Robin Moore, menciona a las rumberas como un mito originado en la literatura costumbrista. La mulata del bufo inspiró la producción de muchas películas realizadas entre 1930-1950.

Las protagonistas de esas obras han sido descritas como versiones de la “femme fatale”. La rumba fue objeto de atracción y repulsión, “objeto del deseo” con su morbo incluido, la encarnación de la sexualidad (sexismo).

Cientos de películas mexicanas, con títulos conmovedores, tuvieron como eje central a la rumbera, una categoría abarcadora, un poco ambigua, que queda en manos de los sociólogos y antropólogos.

En realidad, la verdadera rumbera negra de solar de La Habana o Matanzas, era algo más primitivo, vale decir más auténtica, primigenia y natural. Pero este estilo de baile, según me han explicado algunos coreógrafos actuales, es como una “variante”, una nueva “modalidad” que se fue conformando en los centros nocturnos para turistas y gente deseosa de emociones fuertes.

Lógicamente, aquellas rumbas estaban blanqueadas para el salón, más pegadas a la guaracha, a la conga. Introducir la genuina rumba de solar entre los turistas neófitos hubiera sido impensable. Había que refinar el azúcar negra, buscar un “folclor bien peinado”, como decía Alejo Carpentier.

De cualquier manera fue un arte que se difundió en una época de oro y hay que tomarla en cuenta, al revés o al derecho. Como dijo la especialista Cary Diez, este tipo de rumba creó un puente que nos lleva a la rumba que perpetúa los verdaderos valores. “Permitió un acercamiento del mundo a esa expresión cultural”.

Aquella era una rumba tomada del teatro vernáculo y llevado a las pistas de París y de otros países. El cine mexicano fue popularizando esta modalidad internacionalizada. El cine lo hizo con verdaderas vestales.

En esta historia hay que mencionar a figuras como Rosita Fornés, la vedette de Cuba, el símbolo de la bella mujer de herencia española que tanto podíamos observar en la zona de la provincia cubana de Camagüey. Le siguen Ninón Sevilla, María Antonieta Pons, Rosa Carmina y Amalia Aguilar.

Organizado por la Cinemateca de Cuba, en el 2012 se presentó en el Pabellón Cuba, –con el apoyo de la Asociación Hermanos Saíz, el Proyecto Arte en La Rampa, con la colaboración de la realizadora Julia Mirabal; la musicóloga y directora de televisión, Gloria Torres y la periodista Marianela Dufflar–, un panel integrado por los cineastas Enrique Pineda Barnet, Manuel Herrera, Rudy Mora y el crítico Luciano Castillo, donde se abordaron las producciones audiovisuales de los 50.

En la Cinemateca del ICAIC, se han organizado ciclos de este cine tan atractivo para los espectadores de la vieja guardia. Cientos de películas con títulos conmovedores tuvieron como eje central a las rumberas, una categoría abarcadora, un poco ambigua –según dice la periodista Mayra A. Martínez–, cuya tragedia surgía de la transgresión de los cánones morales.

La historia del cine de rumberas es larga de contar. Hay que rescatar aquellas historias de mujeres rumberas del cine mexicano. Todas ellas las iremos presentando en este sitio para mostrar el fresco de una época, reflejo de aquellos tiempos.

 

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