Extrañamos a Gabriel García Márquez

Por: Rafael Lam

En los Festivales del Nuevo Cine Latinoamericano siempre se recibía la visita del Premio Nobel Gabriel García Márquez en la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano.

Sus admiradores aprovechaban para saludarlo y, como el que no quiere las cosas, hacerle alguna pregunta. Yo me le acercaba y le preguntaba por algún asunto musical, su “Violín de Ingre”, lo cual le provocaba al instante algún comentario.

“La música me ha gustado más que la literatura; tengo la impresión de que mi vocación musical es tan entrañable que forma parte de mi vida privada. Cuando estoy con mis amigos más íntimos no hay nada que me guste más que de hablar de música y me meto en un rollo que es la de nunca acabar”.

Pero el cine es otra de sus preferencias, Joel del Río escribió un libro sobre su obra literaria relacionada con  el cine, un amor no correspondido, como dijo Andrés Burgos.

La Escuela Internacional de Cine Latinoamericano en San Antonio de los Baños es una de sus más caras ilusiones intelectuales, el fomento y desarrollo del nuevo cine del continente. En diciembre de 1985 se inauguró la sede de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano.

A la periodista Lídice Valenzuela le confesó que la Fundación tenía como objeto principal la unificación del Nuevo Cine Latinoamericano y su fomento. García Márquez alegó que lo primero que hicieron fue ver la situación real del cine y la televisión en el continente. Lo hicieron en un momento de explosión de un cine nuevo en América Latina. Por eso se interesaron en el proyecto. En esa entrevista declaró:

“Estamos tratando de crear condiciones para impulsar, introducir el movimiento de cine latinoamericano en el mercado. Falta la unificación, la centralización. Los países hacen cine fragmentarios, luchamos por la interrelación de todos los cines nacionales. Sucede que cada país ha tratado de proteger su cine nacional, lo han hecho de muy buena fe, y sin darse cuenta, obstaculizan y están atentando contra la unidad del Nuevo Cine Latinoamericano”.

La idea del colombiano y de la fundación  consistía en hacer un trabajo de equipo interconectado entre todo el continente, que todos los gobiernos impulsaran y participaran en el fomento de la creación cinematográfica en sus países.

“Cuando hablo de unificación del cine latinoamericano no estamos pensando en que todas las películas se parezcan, nada de eso. Cada país quiere expresar su propia identidad. Cuba ha producido películas con otros países entre ellos Colombia y las películas salen muy buenas. Estamos por la coproducción, es lo que llamo la unificación”.

El escritor sabía que las empresas transnacionales dominaban el mercado internacional, “ellas no quieren las películas latinoamericanas, hay que buscar que en los países latinoamericanos la gente vaya a ver sus propias películas. Han existido casos de filmes que han tenido mucho éxito y hasta premios internacionales. Hay que fomentar un  público, luchamos por tener una salsa de cine en cada región de América Latina. Lo nuestro es un trabajo estratégico, a muy largo plazo. Todo esto forma parte del proyecto que fomenta la Fundación”.

García Márquez aseguró que en los dominios de la estética no influirían, sino en la potencialidad de lo inédito. En muchos de los cursos, Gabriel impartió clases a los alumnos de diversos países, sabiendo que el lado flaco del cine es el guión.

El novelista reveló a la periodista Valenzuela que era un frustrado director de cine: “eso fueron sueños de juventud, pero es un trabajo difícil, uno de los más duros en el planeta; es demasiado trabajo, una labor que no alcanzo a descifrar. En la novela uno se sienta y escribe lo que le da la gana. Hay obras mías que son más para el cine que para la literatura. Y esas son las que se llevan al celuloide”.

 

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