Sergio & Serguei, una comedia entre cósmica y tropical

Por: Berta Carricarte.

No creo equivocarme si digo que no todo el mundo espera lo mismo del cine cubano. Algunos prefieren verse reflejados en los temas que se abordan, en la realidad que se expone o en los conflictos que teje la trama. Otros esperan disfrutar de las actuaciones de sus intérpretes preferidos. Otros se satisfacen cuando constatan la presencia física de su ciudad, o del espacio geográfico que identifican como nación, como etnos, ya sea el entorno urbano de Nuevo Vedado o la más intrincada serranía. No falta quien espera recibir el impacto de un filme avant-garde (lo cual es bastante raro en nuestra cinematografía) y, por supuesto, una gran parte de los espectadores apostará por la comedia costumbrista, que nos regala el humor, alivia las penas y disipa las preocupaciones, al menos momentáneamente.

La obra más reciente del exitoso realizador cubano Ernesto Daranas, Serguio & Serguei, es simplemente una comedia atemperada por una rara combinación entre realismo y fantasía. Parece una película muy compleja desde el punto de vista de su realización, entre otros motivos porque implica locaciones cuya ambientación debía ser meticulosa, para respetar el verosímil que un filme convencional exige. Pero tenía, así mismo, complejidades de guion, de actuación, de diseño de personajes a los que se sumaron la escenografía y utilería en extremo variada, a instancias de un argumento que ubica la historia en el ya lejano año de 1991.

En efecto, la Cuba de hace un cuarto de siglo, ya no se parece a la que vivimos hoy, aunque, en muchos casos, la sutileza y superficialidad física de los cambios, no nos permita ver la diferencia. Sin embargo, en una película los detalles pueden convertirse en fuerte detonadores, por eso una cuidadosa dirección de arte, ayuda a crear la atmósfera necesaria y a hacer creíbles tanto el contexto como las situaciones dramáticas que se plantean. En ese sentido, una primera aproximación a Serguio & Sergueino revela chapucerías en su urdimbre. De cualquier modo, la mayoría de los espectadores no ha estado nunca en ni en el interior, ni en el exterior de la estación orbital MIR, y mucho menos con vista a la Tierra. No obstante, después de Gravity (Cuarón, 2013), uno de los filmes más recientes sobre aventuras espaciales, a todos nos queda claro cómo “debería” lucir un escenario cósmico.

En breve sinopsis: Sergio es un profesor de marxismo graduado en la URSS, que tiene como hobby la comunicación radiofónica. El dominio de su pasatiempo favorito lo convierte en protagonista de una operación internacional para salvar a un amigo en apuros.Otra vez nos vemos frente a las vicisitudes de los más onerosos años del Periodo especial, nombre eufemístico para describir la realidad que con extrema certitud convirtió en metáfora fílmica Fernando Pérez en su inolvidable Madagascar. A la reconfortante distancia que nos propone el presente, y según sean hoy las peripecias económicas de cada quien, Serguio & Sergueinos permite reírnos, con el alivio de una amarga prueba superada.

Cabe decir que las actuaciones son correctas en general y destacadas en el caso particular de Tomás Cao y Héctor Noas, quienes lucieron espectaculares al tener que rebasar el español cotidiano, y batirse en diálogos en inglés y ruso, de una manera convincente. Parecería una frivolidad decirlo, pero es muy difícil sopesar cuánta limpieza, jerarquía artística y verosimilitud gana un filme convencional al permitirse una puesta en escena que explota dignamente detalles semejantes. Creo necesario enfatizar que Héctor Noas sigue mostrando su calidad actoral más allá de cualquier reto imaginable, y el papel que interpreta en esta cinta, sin dudas lo fue. Otros personajes imprescindibles para el desarrollo de la trama (interpretados por Ron Perlman y Mario Guerra) responden a un perfil predeterminado que sirve al contrapunteo entre realidad y fantasía. Esta polaridad muy bien lograda,es el modulador más adecuado para un tipo de comedia que roza lo sentimental sin plegarse al costumbrismo.

No cabe dudas que esta coproducción cubano-española-estadounidense, contó con un financiamiento que le permitió el empaque visual que ostenta, así como los efectos especiales imprescindibles por la naturaleza del tema. Debe alegrarnos que nuestros mejores cineastas tengan la oportunidad de desarrollar proyectos cinematográficos que les permitan experimentar y ofrecer otras dimensiones del arte fílmico, y demostrar que pueden entrar en el ranking internacional y dirigir en el mismísimo Hollywood, como ha sucedido con Alfonso Cuarón y González Iñárritu, -dejando a un lado los riesgos artísticos y de otra índole que ello implica.

Ernesto Daranas sigue siendo, dentro de la industria oficial del cine cubano (el ICAIC), un pilar destacado, y responde como un buen relevista a la desaparición física de unos o la jubilación de otros.En lo adelante su diálogo con el cine cubano, tendrá que solventarse frente al audiovisual independiente que aspira a ser un monstruo grande y de fuerte pisada, con nombres como los del propio Fernando Pérez, Carlos Machado Quintela, Fabián Suárez, Jessica Rodríguez o Mario Coyula.

A sus dos joyitas anteriores, Los dioses rotos(2008) y Conducta(2014),Daranas suma esta película hermosa y cálida. Como dijo en la presentación, ya lo acusaban de hacer llorar al público. Pues bien, ahora ha venido a hacernos reír, reflexionar y pasar un buen rato.

 

 

 

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