La radio de compañía

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Por: Bruno Suárez Romero

Las múltiples funciones de la radio la convierten en un ente determinante en el escenario social. El público recurre a ella para canalizar necesidades diversas, sin embargo es la función informativa con la que más se le asocia.

Son reconocidos, en la tradición cultural, sus aportes artísticos y otros valores aleatorios a su lenguaje y sus rutinas de comunicación. Un número importante de clasificaciones, en el terreno teórico, están vinculadas a la relación que puede establecer el medio con sus oyentes. Un ejemplo de esto es: La radio de compañía.

Diversos tipos de sujetos buscan acompañarse con las emisiones radiales, lo que se relaciona directamente a la condición existencial que el individuo posee.

Los llamados clubes de oyentes o peñas radiales son un resultado probado del vínculo del público con el programa radial. Este hecho se relaciona con una cualidad del lenguaje radiofónico que hace énfasis en las posibilidades sugestivas del sonido.

La radio, desde su universo invisible, logra establecer escenarios intimistas, que favorecen la confianza y la sensación de complicidad y compañía. Una voz que habla de forma personalizada con el oyente, con un timbre comunicativo, resulta una inigualable compañía si por demás está tocando un tema de especial interés para esa persona.

En Cuba existe una praxis radial dedicada a intercambiar con los oyentes, partiendo incluso de sus propias experiencias de vida. Entre estos pudiéramos mencionar a dos radio-revistas: Estaciones, de Radio Rebelde y La casa de cristal, de Radio Metropolitana (Emisora capitalina).

Ambos espacios calaron hondo en la audiencia, desde los años noventa del siglo XX. El club del amor y la amistad de Estaciones, permitió que personas con dificultades para relacionarse socialmente encontraran un canal para hacer amistades y hasta hallar una compañía para la vida. Otro tanto resultó con La casa de cristal y la impronta de su conductora Ana María Ramos.

Si reflexionamos en cuanto se hace, cotidianamente, desde la radio para mitigar la soledad y acompañar a quien lo necesita, podemos encontrarnos con emisiones sobre psicología, sexualidad, adicciones y otras temáticas, en las que se intenta brindar la posibilidad al oyente de buscar ayuda para que no se quede solo ante ninguna problemática.

Una palabra dicha en la radio tiene un alcance incalculable. En los últimos años ha sido este medio, a nivel internacional, tribuna para sensibilizar a las comunidades en el respeto a la diferencia y especialmente lo ha hecho dando voz a las sujetos victimas de discriminación.

Temáticas como la violencia de género en todas sus variantes y el maltrato hacia los animales también han encontrado cabida en este tipo de espacios.

Las minorías étnicas, los discapacitados y la tercera edad son grupos sociales que encuentran oportunidad para compartir sus inquietudes a través de la radio. La comunidad LGBTI, es decir aquellas personas con identidades de género u orientaciones sexuales diferentes a la heterosexual, y los reclusos tienen en las emisiones radiales la posibilidad de expresar su realidad y crear redes de solidaridad.

El fenómeno de la soledad es altamente complejo. Son disímiles las causas por las que un individuo puede estar o sentirse solo. La existencia en la radio de programas de compañía responde a la presencia de un público que los necesita.

En la realización de estos espacios se debe, sobre todo, hacer énfasis en el humanismo. Hay que proyectar el mayor respeto a la condición existencial de ese sujeto que escucha y espera sentirse acompañado.

 

 


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