Proteger la música en el cine

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Por: Rafael Lam

Encontré información  de gran utilidad sobre el cine cubano. En el país existían 444 salas de cine, para unos 220 mil asientos y contábamos con más de 600 noticiarios y documentales.

En muchos de esos materiales históricos encontramos joyas de la orquesta Lecuona Cuban Boys, del propio Ernesto Lecuona, de Jorge Negrete que tanto gustaba en Cuba  y de su esposa la actriz Gloria Marín.

En el celuloide encontramos personalidades como Rosita Fornés y René Cabel. Gracias al cine mexicano rumberas como María Antonieta Pons, Meche Barba, Amalia Aguilar,  Ninón Sevilla y  Rosa Carmina, triunfaron en la escena. Igual compositores como Benny Moré,  Dámaso Pérez Prado, Silvestre Méndez, Bobby Collazo, Obdulio Morales, Bola de Nieve, Rita Montaner y muchos otros músicos que conforman una larga lista.

La cinematografía cubana cuenta con materiales valiosos como Como arrullo de palmas (1936), de Max Tosquella, El origen de la rumba, de Ernesto Caparros;  Hasta la reina Isabel  baila el danzón (1991), de Luis Felipe Bernaza y Nostalgia del chachachá de Miguel Torres

El ICAIC posee audiovisuales como Nosotros la música de Rogelio París que captó celebridades de la música cubana: Celeste Mendoza, Carlos Embales, Septeto Nacional Ignacio Piñeira y Bola de Nieve.

El cantante Pacho Alonso, en la década de 1980 se lamentaba de la ausencia de grabaciones que recopilaran las agrupaciones y los músicos más representativos de esa época. Por fortuna llegaron a grabarle a los cuartetos Los Zafiros y Meme Solís, ejemplos de testimonios musicales de una época.

En la década de 1990 en la Isla se desató el Boom de la salsa y la timba cubana; al igual tuvimos el Record Guinnes de El son más Largo del Mundo y Los conciertos del Team Cuba “Dream Team”. Sin embargo nunca apareció una cámara del ICAIC para registrar lo que hoy lamentamos como uno los acontecimientos musicales más importantes y sin embargo menos difundido de la etapa revolucionaria.

Una gran parte de lo que somos está en esos materiales casi olvidados y añejos que rescatan la memoria musical de Cuba. Se comenta que la dirección del ICAIC nunca comprendió la importancia de grabar a los clásicos de nuestra música, verdaderas joyas continentales. Todavía hay tiempo para los que quedan.

 

 


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