El amor de mi bohío

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Por: Rafael Lam

El amor de mi bohío es una canción bucólica de Julio Brito (1908-1968), compuesta en 1937, que se convirtió en argumento y guión. La producción de esta película fue del mexicano, enamorado de Cuba,  Juan Orol –un español, artífice del cine al estilo “camp”- quien había concluido el rodaje de Una mujer de Oriente, con Rosa Carmina (llamada “La mujer de fuego”), una de las rumberas cubanas que en el rodaje hace el papel de la japonesa Loti. Para hacer ese papel, Rosa tuvo un profesor de Japón y, a su vez le enseñaron los cubanos a bailar la rumba de cajón. Todo ese mundo de ritos afro lo refleja en la película.

Rosa Carmina era de familia de la zona de Oriente, aunque ella nació en Santa Clara y creció en La Habana. Tenía sentido del ritmo y bailaba como cosa natural.

Cuando Rosa se establece en México debido al binomio con Orol, trabajó en alrededor de 40 largometrajes, algunas de las grabaciones fueron en el fastuoso cabaret Sans Soucí de La Habana. Orol tenía un olfato estupendo para captar mujeres cubanas triunfadoras en el cine de rumberas.

Pues bien, volviendo a la película El amor de mi bohío, era sencillo, como casi todas estas películas para las grandes masas (muchas de ellas iletradas en América Latina), se reiteraban situaciones, personajes, temas como sucede en El romance del palmar, Siboney, Embrujo antillano.

En El amor de mi bohío, se desarrolla un duelo a machetazos donde uno de los actores resulta muerto. Entonces una de las actrices al sentirse culpable del conflicto, se introduce en el vedetismo en La Habana donde triunfa.

El estreno fue en noviembre de 1947 en México, con un  despliegue propagandístico, en los cines Máximo, Cairo, Imperial y Lindavista. La crítica fue desfavorable, el especialista José María Sánchez, escribió que  que la película abusaba del canturreo y el bailoteo. Pero, siempre tuvo un público amante de este tipo de cine popular.

Juan Orol tenía la tesis de que el cine era para verse, para difundirse, su objetivo era recuperar dinero de su producción, puesto que así funcionaba la industria del cine.

Durante años este realizador rastreó mujeres bellas e inteligentes y con vocación artística en Cuba para hacer su espectacular cine. A México arribaron vedettes cubanas como Ninón Sevilla, María Antonieta Pons, Rosa Carmina y Blanquita Amaro.

La primera cubana que reclutó Juan Orol fue María Antonieta Pons y con ella se casó. Esta mujer fue llamada “El Ciclón del Caribe”. Llegó a México en 1938 de la mano de su esposo, abriendo el camino para un cine sensual y atrevido. Tras separarse sentimental y profesionalmente de Orol, pasó a la batuta de su segundo marido, el también cineasta Ramón Pereda. Su particular manera de mover las caderas, y el corte picaresco de sus cintas, fue la base de su gran éxito.

Estas son historias acontecidas en el cine de la década de 1940, preludio del gran momento de la música, el cine y el espectáculo entre Cuba y México, dos países que tienen mucho en común desde lejanos tiempos.


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