El cine llegó a Cuba hace más de 120 años

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Por: Rafael Lam

            La llegada del cine a Cuba fue en 1897. El Diario de la Marina del 24 de enero de ese año lo anunciaba: “Esta noche abre el Cinematógrafo Lumiére en el Parque Central, al frente del teatro Tacón y el hotel Inglaterra, en el corazón de la ciudad. Anoche en la prueba del mencionado espectáculo, se exhibieron preciosas vistas de movimiento, siendo las más celebradas el desfile de coraceros, la tempestad en el mar, el ferrocarril en marcha, la Puerta del Sol de Madrid y la que representa la llegada del Zar a París”.

Hacía ocho años que la electricidad había llegado a Cuba. Las funciones se efectuarían en tandas de media hora, desde las 6: 30 de la tarde hasta las 11: 30 de la noche. En otro lugar señalaba que la entrada costaría cincuenta centavos a todas las personas mayores y se rebajarían a veinte centavos a los niños y militares sin graduación.

El primer día de proyección, en sus diez tandas pasaron por la sala cerca de un millar de espectadores. Los beneficios del empresario francés se acercaron a los 400 pesos. La gente salió entusiasmada, muchos volvieron a entrar para repetir el espectáculo. La prensa, salvo el señalamiento del alto precio y que el salón resultaba caluroso, no fue menos entusiasta. El diario El País del 25 de enero escribía:

“El público gozó de lo lindo y aplaudió más y mejor las diferentes vistas y con tal verdad que realmente parece que presenciamos las escenas realizadas en el instante que se tomaron las fotografías”.

Los cortos –cortísimos- que más gustaron no fueron los que reseñó el Diario de la Marina, sino las primitivas películas con que debutó en París el cinematógrafo de los Lumiére: El regador regado, La partida de los naipes, La salida del tren y El sombrero cómico.

Después este cine se trasladó hacia el teatro Irijoa (Martí), ya que los teatros siempre estuvieron muy ligados al invento moderno del cine.

En La Habana, con anterioridad a la llegada del concesionario de la Lumiére se habían presentado más de media docena de espectáculos de proyección. Desde los lejanos Diroramas y Panoramas y las siluetas hasta las Vistas Fijas. También se habían mostrado kinetoscope, recientemente inventado por Edison con cierto éxito inicial. Ya la mitad de La Habana había pasado por estas experiencias.

El primer cubano que proyectó y filmó películas en Cuba fue José E. Casaús (nada que ver con el poeta Víctor Casaus) y fue el primero en llevar el cine a las otras ciudades a través de una plantica de electricidad. También inició el cine publicitario puesto que por cuenta de la cerveza Hatuey dirigió y actuó en una película titulada El brujo desaparecido, realizada en 1898.

En aquellos tiempos, nadie podía imaginar que, 120 años después, en Cuba se festejara un Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en su aniversario 40. En próximos escritos hablaré del cine hablado, de los músicos que amenizaban los cines étc.

Fuente:

Francisco M. Mota y Rolando Aniceto.

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