Memorias del subdesarrollo, una mirada a 50 años de distancia

Por: Lázaro Arias (estudiante de Periodismo)

(…) “Esta gran humanidad ha dicho basta y ha echado a andar, como mis padres rumbo a Miami” (…), así parodia la célebre frase el protagonista mientras observa la Habana desde el piso alto del edificio residencial donde habita.

Sergio encarna a un burgués de comienzos de los ´60. Estudió en un colegio religioso, de adolescente perdió la virginidad en un prostíbulo de mala muerte, a los 25 su padre le obsequió una mueblería, fiestas, opulencia; lo sorprendió el Triunfo de la Revolución, y a los 38 años andaba la vida sin rumbo claro, pero en un escenario que lo mantiene curioso y expectante: la nueva Cuba que se levanta ante sus ojos.

Los estudiosos o críticos del cine dividen y nombran de varias formas las faces históricas del cine cubano bajos diversos criterios. Los años ´60, esa etapa siempre abordada con nostalgia, puede recordarse como la década prodigiosa, el vuelo, o la época de gestación y formación. Esta también fue la etapa de fundación del ICAIC y de los primeros largometrajes de aquella generación.

En lo que sí la decisión podría acercarse al consenso, es que en esta década, en el año 1968, se proyectó un de los mejores largometrajes cubanos, la mejor película latinoamericana del Siglo XX y, según la Asociación Internacional de Cineclubes, una de las cien mejores películas de todos los tiempos: Memorias del subdesarrollo. Se dice fácil.

Esta entrega fílmica, dirigida por Tomas Gutiérrez Alea, uno de esos quijotes del cine cubano, se da el lujo de la inmortalidad, de trascender sus reflexiones sociales y políticas cinco décadas más allá de la historia de Sergio, de sus relaciones de pareja, amistades y las circunstancias que lo rodean.

Pablo y Elena representan los extremos en los que Sergio evita y en los que no se siente cómodo. De un lado Pablo, su aburguesado amigo incompatible al sistema, y que termina marchando hacia los E.E.U.U., del otro Elena, aspirante a actriz de carácter inconsistente, una muchachita “subdesarrollada”, que le sacude la vida a Sergio.

¿Yo era así antes? (…) –se pregunta Sergio mientras Pablo le gesticula desde el otro lado de un cristal en el aeropuerto- Me doy cuenta de que Pablo no es Pablo, sino mi propia vida, todo lo que yo no quiero ser. Es bueno verlos partir, como si me los sacara de adentro. (fragmento)

“Siempre trato de vivir como un europeo -piensa Sergio mientras desempolva un ejemplar de Lolita, de Nabokov, en una biblioteca donde predominan los libros soviéticos- pero Elena me hace sentir el subdesarrollo a cada paso”. (fragmento)

La combinación de fotografía, música de Leo Brouwer, diálogos de Sergio con sus amigos o consigo mismo, de tramas contrapuestas, pasajes cinematográficos de hechos de la historia de Cuba, hablará por sí solas dentro de cada espectador. No por este constante bombardeo de sentidos y significados resulta densa de digerir, todo lo contrario, enriquece el paladar y quedará un gusto dulce al acabarla.

Resultaría atrevido destacar una escena fundamental por la importancia del mensaje que transmite, quizás por eso esta historia en forma de filme trasciende más allá de la novela de Edmundo Desnoes en que se basa (la cual buscaré de inmediato). El propio Desnoes, intelectual cubano radicado en New York, consideró a la película una gran adaptación de la novela.

La trama se entrelaza, sin brusquedad, entre situaciones personales incómodas y ridículas de la vida de Sergio y de hechos históricos que tocan a la puerta. La marcha de los padres de Sergio en las migraciones del año 1961, el ataque a Playa Girón, los juicios posteriores y la Crisis de Octubre son parte de esta historia.

Otros como las nacionalizaciones, las primeras medidas revolucionarias, el bloqueo financiero a Cuba, se olfatean desde el traspatio, pero sin implicar al protagonista ni caer en la retórica. Memorias del subdesarrollo documenta visualmente al espectador sobre una época convulsa y rica, los años de nacimiento y creación, creación de un proyecto auténtico, nacimiento de una ideología contraria a los EE.UU. a 90 millas de sus narices.

Claro que dio de que hablar, que molestó a “comisarios políticos” y causó polémica en su momento. Memorias… no puede verse como una película vacía o inocente, no lo era en aquel entonces, no lo sería ahora. Elija si ve el filme desde el telescopio del balcón habanero de Sergio, o si lo aterriza 50 años después.

No queda claro si Sergio desiste como lo hicieron sus padres y su esposa. Contrario a sus reflexiones iniciales, su Habana había cambiado. Cuba se movilizaba en una posible guerra nuclear y hablaba en voz alta con el puño sobre la mesa en medio de las dos grandes potencias de la época sumergidas en la Guerra Fría.

Alea logra refrescar aquella época de esperanza e incertidumbre sin perder el rumbo en la historia o en la vida de Sergio, mucho se podrá reflexionar sobre esta película, pero el lente del telescopio para el viaje que nos propone lo colocará usted y sus propias memorias del subdesarrollo.

Algunas películas cubanas se ponen en la pantalla chica todos los años en fechas específicas. Tal vez Memorias… no conmemore nada a simple vista. En ese pretexto efímero que llamamos aniversario cerrado, y dedicamos a veces a cosas no tan importantes, a 50 años de distancia, más se debería destacar esta hora y treinta y siete minutos de la historia del cine cubano.

*Palabras de Fide Castro

Tomado del sitio web de Telecubancán

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