La radio y las lenguas originarias

Por: Bruno Suárez Romero

La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) proclamó el 2019 como Año Internacional de las Lenguas Indígenas, con el fin de sensibilizar a la sociedad en general para que reconozcan, aprecien y valoren la importante contribución que los idiomas originarios hacen a la diversidad cultural del mundo.

Entre las alternativas puestas en marcha en defensa de las lenguas vernáculas está la creación de archivos bibliográficos a partir de lo que se ha publicado a lo largo del tiempo.

El hecho de que los textos en lenguas originarias no sean de especial interés para la mayoría de las editoriales, no es una información que sorprenda, pero eso no amilana a los promotores que desde distintas latitudes aúnan esfuerzos para concretar los proyectos de libros y cuadernos sobre poesía, arte culinario, filosofía, etc.

Las lenguas originarias tienen su principal soporte en los pueblos que las hablan sobreviviendo a las invasiones y la globalización.

Ya por tradición social muchas comunidades de estos hablantes hacen uso de la radio como medio para expresarse desde sus idiomas autóctonos.

En la sistematicidad de sus transmisiones se sostiene la vigencia de una oralidad que soporta en sí misma una cosmovisión quizás no traducible a lo occidental, ni en términos psicológicos ni lingüísticos.

La radio resulta en estos tiempos el más loable recurso de conservación de los idiomas autóctonos, ya que, además de los archivos sonoros propios del medio, posee la capacidad para difundirlos como fuente viva.

En México, por ejemplo, desde el 2014, una reforma a la ley de las telecomunicaciones permite que cualquier lengua originaria pueda ser utilizada por cualquier medio de comunicación que haga uso del espacio radioeléctrico.

Aunque el interés fundamental puede ser el mercado, el hecho constituye un indiscutible reconocimiento a la interculturalidad representada en las 68 lenguas indígenas que se hablan en el país, reconociendo la mayor presencia de estás en las radios comunitarias donde el zapoteca, el zoque o el kiliwa, surcan el éter como marcas identitarias.
En Guinea Ecuatorial, único país de habla hispana en el África Subsahariana, la radio nacional dedica una hora diaria a difundir informaciones en lenguas vernáculas como el fang, el bubi, el ndowe y el annobonés.
En Cuba el exterminio masivo de los indios nos privó del uso de su lengua, pero sobreviven vocablos, especialmente patronímicos que han trascendido a la barbarie y al tiempo.
Algunas emisoras de nuestro país llevan nombres de la lengua taína. Entre ellas Radio Maboas, en Amancio Rodríguez, Las Tunas, Radio Majaguabo, en San Luis, Santiago de Cuba y Radio Mayabeque, en la provincia homónima.
La internacional Radio Habana Cuba lanza su señal al éter en varios idiomas. Procura así alcanzar oyentes en diversas latitudes del mundo.
Una visión cultural y descolonizadora hace que está emisora haya intencionado por décadas la divulgación de sus mensajes en quechua, guaraní y creole, idiomas hablados por millones de seres humanos en el planeta.
Como valor intrínseco a la exposición de las lenguas, en las emisiones radiales se sostiene mucho de la historia, las leyendas y el pensamiento ancestral de los pueblos.
Es la memoria que sobrevive en patrimonio desde esencias profundamente humanas.

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