La tremenda corte en la pantalla (Pototo y Filomeno)

Por: Rafael Lam

Desde hace ya más de setenta años, sobre 1945, se habla de La Tremenda Corte que tiene su antecedente en el dueto de Garrido y Piñeiro dentro del Noticiario Nacional, CMQ. Esa experiencia fue gustando. El humor siempre cae bien.

Entonces se incorpora Leopoldo Fernández (José Candelario Trespatines), nacido en Jaguey Grande en 1904. Era un humorista que escenificaba el negrito del teatro vernáculo, con su Gran Compañía de Revistas y Comedias ambulante, que se mantuvo un tiempo en el Teatro Nacional, actual Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.

La contrapartida de Trespatines era Aníbal de Mar (el tremendo juez de la tremenda corte), acompañado de Mario Barral (Secretario).

Entonces la radio crea el espacio La tremenda corte, contaba con libretos de un  genio del humorismo Castor Vispo Vilardefrancos (1907), nacido en La Coruña y de nacionalidad cubana. Sus libretos eran un prodigio de estructura humorístico no superado por nadie, según opiniones de Enrique Núñez Rodríguez. El director era Paco Lara.

Otros personajes del programa fueron Rudersindo Rodríguez (detective), una parodia de Chan Li Po, personaje de Félix B. Caignet.

Trespatines, era conducido ante La Tremenda Corte, acusado de las más disparatadas e ingeniosas estafas al incauto gallego y a toda la galería de personajes ocasionales de nombres simpatiquísimos, entre ellos El chino Chin Chon Chow (Emilio Ruiz) dueño de un tren de lavado; aderezado con diálogos ocurrentes y una sentencia del magistrado de gran comicidad. (Luz María Cal y Fariñas) y Mimí Cal quien trabajó mucho con las compañías de Ernesto Lecuona.

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            Aníbal comienza en su ciudad de Santiago de Cuba, es llevado por Félix B. Caignet a la emisora COCO (San Miguel), 1937-1938 para hacer el personaje de Chan Li Po, detective chino que causó un fenómeno de popularidad. Cuando la CMQ comienza a hacerse sentir llaman a Aníbal y se une a Leopoldo Fernández, un binomio perfecto. Aníbal le hace la contrafigura a Leopoldo.

La Tremenda Corte constituye el mayor éxito humorístico de todos los tiempos en la radio cubana, la RHC Cadena Azul que se encontraba en la calle Prado y Cárcel, al lado del hotel Packard. Los programas se difundían de quince minutos diariamente a las 9 y 50 de la noche, como si fuera una pastilla para el sueño. Parece que en determinados momentos también se trasmitieron a la hora de la comida, a las 7 y 20 pm.

Los espacios fueron llevados al Noticiario Nacional de CMQ, por primera vez llevan a la pantalla a estos populares artistas, verdaderos ídolos de multitudes. Los cortos fueron promovidos con amplios anuncios de la prensa y el comercial del refresco Materva (un refresco de botella grande para los pobres).

Los cortos se trasmitieron como Trespatines en la Tremenda Corte, los humoristas visitan América y hacen época. Las grabaciones de La Tremenda Corte se pasan de mano en mano comercializada internacionalmente.

El dúo grabó tres discos con la orquesta Melodía del 40 (LP Puchito 528, Pototo y Filomeno con la Melodías del 40), las ventas se dispararon, incluso participaron con este disco en una película donde cantaban en la ruta 32 de la Playa de Marianao. Todo el mundo quiso ver esa película que mostraba un recorrido de la 32 por todo el litoral, por la Quinta Avenida. Para los que nunca habían venido a la capital, que eran muchos, aquello fue como ver el paraíso.

El éxito fue tan grande que repitieron el disco en 1957. Un segundo disco fue Yo pico un pan (Puchito 561, 1960). El tercero Ensalada Rebelde, (1959), al triunfo de la Revolución. El disco contiene algunas parodias dedicadas a los rebeldes de la Sierra Maestra. En la mayoría de las composiciones aparece Leopoldo Fernández, incluso en los de Ensalada Rebelde. La gracia de estos personajes llega hasta la música para dejarlos en la historia.

Recuerdo, en esa década de 1940, yo pequeño, mientras degustaba frituritas de carita, tomaba Materva y escuchaba el sonido de la Melodía del 40, con aquella canción estremecedora Prisionero y algunos chachachás y lindas canciones como Igualita que La Habana.

Además, no sé cómo fue aquella maravilla de poner a cantar a dúo la pareja estelar de Pototo y Filomeno y llevarlos a la cúspide de la popularidad con tremenda sabrosura como aquel son-pregón titulado Boniatillo, con una sabrosura que no se ha podido igualar.

He querido recordar la historia llena de humoristas inolvidables que parece que nunca van a morir.

Fuentes:

Crónicas de Enrique Núñez Rodríguez en el periódico Juventud Rebelde y conversaciones con el escritor en uno de sus cursos de humorismo en la sala de la Escuela de Economía de la Universidad de La Habana.

Conversaciones con músicos de la orquesta Melodías del 40, y con el director de programas de Radio Rebelde Manuel Villar.

  1. Castillo y A. Agramonte.

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