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Universo infantil

Daniel Sánchez o la pasión por el cómic

Por: Haziel Scull Suárez

Foto: Cortesía del autor

Actualmente el cómic en Cuba está en una etapa de renacimiento. Tras los largos y oscuros años que precedieron al Periodo Especial, desde hace poco más de una década apreciamos un alza en el panorama nacional y un enriquecimiento en cuanto a los artistas. La nueva plantilla que sustituye a los maestros de la tinta de los años 80 del siglo anterior ha sabido absorber de éstos y enfrentarse al papel. Fruto de este proceso de florecimiento artístico es Daniel Sánchez Alfaro (La Habana, 1994) historietista, ilustrador, profesor e instructor de arte.

El mundo del cómic cubano conoce de Daniel hace muchos años, desde la publicación por la Editorial de La Mujer del libro Antes de tiempo (Ed. de la Mujer, 2017), su primera obra y a la que le imprimó un sello visual que aún, más allá de su evolución constante, ha constituido en su marca. Enamorado de los tonos pasteles, las figuras planas y los colores narrativos; sus cómics nos llevan por un paisaje cargado de alegría y dinámica.

Innovador dentro de lo que llamamos cómic multimedial, semanalmente nos regala a través de sus redes sociales diferentes historietas musicalizadas por el director orquestal Arturo Quintero, su compañero en el arte y en la vida.

Compartiendo con él, junto a una perenne y humeante taza del mejor café habanero, y con la vista privilegiada que nos entrega su balcón de Santos Suárez, conversó con nosotros con gran amabilidad este creador de mundos mitológicos y nuevos. Este artista real.

Sabemos que desde que estudiabas en la Escuela de Instructores de Arte tenías inclinación por el cómic, ¿pensaste en algún momento dedicarte por entero a él cuando llegaras a la vida adulta?

Daniel: Desde que tengo uso de razón estoy dibujando cómics. Recuerdo que, durante mis años en la primaria, habiendo leído solo Zunzún y cosas por el estilo, ya contaba historias con viñetas, aunque un poco más oscuras, tal vez inspirado por las historias de terror, que me fascinaban. Luego empecé a leer manga y me inspiré en ese estilo gráfico para hacer mis historietas, que fui perfeccionando en la Escuela de Instructores de Arte. Sin embargo no fue hasta que comencé a consumir historietas de varios países y estilos y que me tomé en serio el estudio del cómic como manifestación del arte, que me di cuenta de qué era lo que quería hacer en mi vida artística, conociendo, además, el difícil camino a recorrer en un país donde a los historietistas no se nos toma en serio desde hace bastante tiempo.

Como historietista hemos admirado tu trabajo, pero también hemos visto tu obra como ilustrador en varias plataformas, ¿consideras esta dualidad una fortaleza en cuanto a tu diversidad creativa?

D: Se puede ser ilustrador e historietista a partes iguales sin que una devore a la otra ya que de cierta forma las viñetas son ilustraciones que, creadas con el fin de conectarlas entre sí para contar algo, terminan conformando una historieta. Las ilustraciones que hago me sirven muchas veces para recrearme en diseños que usaré en alguna historieta futura. Pero sinceramente lo de ilustrar es para mí algo como más recreativo, incluso pudiera decir que es la constante que me permite crecer como artista en redes sociales. Realmente prefiero contar una historia, darle vida a un guion, soy más historietista que ilustrador.

A finales del 2019 difundiste el que fuera tu primer cómic musicalizado, innovando dentro del escenario historietístico cubano y creando un discurso semiótico que has mantenido estos años. ¿Cómo surgió esta idea y cómo la llevas a cabo?

D: Happy Holidays fue mi primer acercamiento a esta mezcla de historieta y música. Mientras escribía el guion del cómic sentía que me faltaba algo para que terminase de provocar la sensación de distorsión, de miedo. Creo que la historieta tiene recursos narrativos y fortalezas propias que la animación no tiene, por lo que sabía que no era movimiento lo que necesitaba: era música. Para crear esa sensación más cercana a la inmersión lo que necesitaba era una música que funcionase también como parte del guion, que ayudase a reforzar la imagen y los textos. Por azares de esta vida mi novio, Arturo Quintero (Xander), es músico y entre los dos pensamos todo esto y él se lanzó a componer la canción específica para el cómic. Ahora no puedo concebir esta historia sin esa melodía que la elevó a otro nivel.

La Nana del roble fue tu primer cómic musicalizado en recibir un galardón, en el X Festival ArteCómic, ¿qué representó para ti que se reconociera esta manera disruptora de hacer historieta en tan prestigioso festival?

D: Realmente fue maravilloso que aún estando en una especie de fase experimental (de hecho, así lo vemos todavía) esta idea de musicalizar las historietas fuese tan bien recibido en un evento de esta envergadura. Y escuchar luego a miembros del jurado decir que sin la música se sentía la historieta diferente, menos impactante, terminó de confirmarme que ese es mi camino a seguir.

La Nana del roble fue su primer cómic musicalizado en recibir un galardón.

Formaste parte de Yomerizzo y KrystApp, dos proyectos sin los cuales no pudiera hablarse del cómic contemporáneo cubano, ¿qué experiencia te aportaron?

D: Me parece de otro mundo la idea de saber que participé (y aún sigo participando) en proyectos que están impulsando, proponiéndoselo o no, el resurgir del cómic cubano. Formando parte de Yomerizzo y KrystApp crecí como artista y aprendí mucho sobre qué hacer y qué no hacer a la hora de gestionar e impulsar proyectos en el complejo escenario cubano. Ojalá en algún momento se expandan las posibilidades y oportunidades para llevar proyectos relacionados con el cómic a otro nivel.

Tus trabajos, matizados por la defensa de la comunidad LGBTI, que has sabido representar sabiamente, han mantenido una postura de enfoque social muy positiva, ¿personalmente crees que mediante el cómic se logren transformaciones en la población?

D: En realidad, en eso el cómic no es muy distinto a otras manifestaciones del arte a la hora de funcionar como medio para reflejar, cuestionar y poner sobre la mesa temáticas relacionadas con problemáticas sociales. Siempre me pareció que en la historieta cubana y en general, la comunidad LGBTIQ está para ser el banco de chistes pasados de moda o para cumplir una cierta “cuota”, porque lo exige la corrección política y las reivindicaciones varias. Muchas veces se nota en personajes queer planos, donde solo importa que el lector sepa que hay un integrante del colectivo LGBTIQ y punto, sin mucho más. Con tantas historias interesantes que involucran nuestras vivencias, creo que hay un hueco en el mundo de la historieta cubana, sobre todo, porque de forma global ahora mismo podemos encontrar obras de todo tipo. Y me parece sumamente importante que, en nuestra sociedad, aún machista y LGTIQfóbica, los niños leyendo Zunzún se encontrasen personajes no cisheterosexuales o en las ferias del libro tengamos a mano menos historietas históricas que parecen existir para llenar una cuota anual de productos de este estilo y más cómics que nos representen a todos, con los cuáles podamos identificarnos desde la primera lectura, por ejemplo.

Te hemos visto publicar en la Editorial de la Mujer y en varias compilaciones como Historias a+ y Kronikas, sin embargo, tu espacio más fuerte son las redes sociales, ¿crees que el espacio digital te genere la misma cantidad de lectores que la publicación en formato físico?

D: A falta de políticas editoriales funcionales, menos entorpecidas para los historietistas y la casi imposibilidad de crear una especie de editorial privada con la consecuente monetización de cómics impresos, las redes sociales han sido la salvación para muchos de nosotros. En realidad, el formato impreso, con esa espiritualidad artesanal y más profesional que, al menos en lo personal, percibo; siempre será para mí el soporte que prefiero. Pero el mundo se mueve a mucha velocidad y el digital ha ido adquiriendo posibilidades, sobre todo a la hora de llegar a personas en todo el mundo, de compartir constantemente con seguidores de lo que haces y otros historietistas. Esas comunidades y subcomunidades virtuales, más las posibilidades de monetización y la objetiva globalización, hace que estadísticamente el público sea mayor en las redes sociales.

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