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Dirección de arte en Televisión: rara avis o asignatura pendiente

Por: Maya Quiroga

Cuando se habla de la dirección de arte en Cuba no puede dejar de mencionarse a dos diseñadores que iniciaron esa especialidad en la Mayor de las Antillas. Ellos fueron Luis Márquez y Rubén Vigón.

Márquez había adquirido experiencia en los talleres escenográficos de catalanes radicados en la Isla. De la década de los 40 datan algunas de sus escenografías más representativas para el mundo del teatro.

Mientras tanto, Vigón había estudiado en Yale, Estados Unidos, donde se puso en contacto con las primeras nociones de un concepto que hoy es fundamental para los medios audiovisuales: el productor de arte, figura que existe en el cine norteamericano y el europeo. Ese profesional tiene a su cargo la imagen corporativa de una puesta en escena.

Vigón ya contaba con su propia sala de teatro en Cuba cuando comenzó a incursionar en los talleres de escenografía y vestuario de la televisión donde llegó a ser jefe de producción.

Aunque desde la década del 30 ya existía la figura del productor de arte en los Estados Unidos, Francia e Inglaterra, dentro del cine y la televisión cubanos –hasta bien entrada la década de los 90–, no se contemplaba la dirección de arte como una especialidad independiente y, más bien, estaba circunscrita al departamento de escenografía, vestuario e iluminación.

Como se analizó en unos de los paneles del evento teórico del Caracol 2017 – presidido por  la diseñadora Nieves Laferté, Luis Lacosta, director de arte y escenógrafo de televisión; el arquitecto Juan García Prieto y el diseñador integral Carlos Repilado–, en Cuba no hay una escuela para formar a los futuros productores de arte. Por lo general, son escenógrafos con experiencia en el diseño integral, diseño de luces y vestuario.

En opinión de Lacosta, para ejercer esa profesión se necesita investigar constantemente los nuevos enfoques que surgen cada día y poseer un conocimiento sólido del diseño para los medios audiovisuales.

Lacosta, confesó que de niño apenas hablaba pero siempre estaba dibujando. Un tío tuvo la idea de llevarlo a la televisión y lo presentó ante Luis Márquez. El reconocido diseñador le ofreció un trabajo al joven aprendiz quien, durante un año, tuvo que pintar de color negro los backing de programas estelares como: Jueves de Partagás y Casino de la alegría.  Esos fueron sus inicios en la televisión, un medio al que ha dedicado casi toda su existencia.

De esa forma, llegó a ser director de arte Lacosta, quien en 2018 arriba a 60 años de vida artística. Los conocimientos que ha adquirido como resultado de una praxis en la televisión los ha podido compartir con estudiantes de diseño escénico en la Universidad de las Artes. También ha tenido la posibilidad de trabajar en el departamento de escenografía del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos.

Para Lacosta un director de arte es un creador de universos que transitan entre lo visual y lo sensorial y se hace acompañar de especialistas como el escenógrafo y el ambientador. En los últimos tiempos se ha caído en el error de darle más peso a esta última figura y hasta se ha llegado a incluir en los créditos de varios programas de televisión solo al diseñador de ambientación sin hablar del director de arte.

El Premio Nacional de Danza, Carlos Repilado advirtió acerca de la ausencia del diseñador de luces en la televisión por lo que no se le concede toda la importancia debida a la iluminación para ese medio audiovisual. “La luz determina un tiempo, un espacio, una idea dramática”, dijo. Además, señaló que los diseñadores de maquillaje deben ser profesionales muy competentes y emplear los cosméticos adecuados para las luces en televisión.

Juan García Prieto, arquitecto de formación que a finales de la década de los 80 y principios de los 90 se desempeñó como director de arte en el espacio infantil Cuando yo sea grande y en la teleserie Shiralad (Premio Caracol de la UNEAC por el diseño de vestuario de Ileana Mulet), advirtió que en la actualidad todavía no existe en la televisión cubana el calificador de cargo correspondiente a director de arte y, paradójicamente, quienes ejercen esa profesión son evaluados como auxiliares de escenografía.

Como explicó García Prieto, el director de arte es el encargado de diseñar y realizar parte de los códigos visuales de una puesta en escena para un espacio ambiental y actoral. Dentro de esa especialidad se engloban el diseño escenográfico, el diseño de ambientación, el diseño de vestuario, el diseño de maquillaje y peluquería así como el diseño gráfico (ambiental e informacional), pero todos tienen que regirse por una línea estética que traza el director de arte, en estrecha colaboración con el equipo de dirección del proyecto audiovisual.

En la feliz conjunción de todos esos saberes radicará la calidad visual de un programa de televisión por lo tanto, ninguna especialidad puede trabajar en solitario sin la guía de un director de arte.

Esa problemática debe dejar de constituir una asignatura pendiente. Para hacer una buena televisión tiene que dársele cada vez mayor importancia a la dirección de arte. De esa forma  no será solo un rara avis en algunos espacios nacionales, dramatizados o musicales, de alta factura.

 

 

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