Juan Carlos Travieso: el documental como bandera blanca (otra noticia más sobre FIC Gibara)

Antonio Enrique González Rojas

El largo documental Ex-change (Juan Carlos Travieso, 2017) llega a la edición 14 del FIC Gibara tras un periplo afortunado por las principales plataformas nacionales como el Festival de La Habana y el Festival “Santiago Álvarez”. Gibara viene a completar el triángulo promocional para esta obra, que busca cartografiar contemporaneidades sociopolíticas tan urgentes como la perentoria necesidad de establecer nexos entre los cubanos residentes fuera y dentro de los límites geográficos de la isla.

Fruto de la conocida como “Primavera de Obama”, Ex-Change aúna un ramillete de voces artísticas múltiples, allende y aquende el Estrecho de la Florida, y cronica una aventura de ilusiones y desilusiones simultáneas. Con su director conversé a la sombra mínima de un árbol gibareño.

Lo primero que me llama la atención del documental es el propio título. Tiene un rejuego semántico animado, que convierte la palabra intercambio (Exchange) en ex cambio (Ex-Change). Puedo notar inicialmente una pátina optimista. Más que eso: esperanzadora. Pero creo que es un mérito cubrir sucesos hasta que la pequeña “primavera” termina. Y el título viene a subrayar el final tono pesimista. ¿Crees que es un documental pesimista?

No, para nada. Creo en primer lugar que es un documental que habla sobre un contexto, sobre una coyuntura que va más allá de un año, de dos, de tres, de cuatro, de diez. Pero ha tenido altas y bajas. Avanza y después retrocede. Eso se ha repetido a lo largo de la historia. Dejo claro en primer lugar que no es nada pesimista. Al contrario, lo hicimos con ese tono de esperanza, porque creemos que finalmente esa puede ser la única solución para un entendimiento, una normal relación entre dos países, como dos naciones cualquiera.

Más allá de las diferencias ideológicas y políticas que puedan existir entre ambos. Sí definimos desde el principio que queríamos hacer un documental que ayudara a eso. No que criticara. No que marcara solo los puntos o los vacíos en esa relación, sino que apuntara a lo que debía ser el futuro. Que de alguna manera señalara los errores cometidos a lo largo de muchos años para que no se vuelvan a producir. Y lamentablemente la historia depende de los seres humanos que la construyen.

No voy a contar el final del documental, pero tiene que ver con el momento actual que viven las relaciones de los dos países, que evidentementen pasa por la voluntad política, por la voluntad de las personas. Y concretamente con la presidencia de los Estados Unidos, que en cierta medida, o en mucha, define hacia dónde va esa política.

Existen varios documentales acerca de la conocida como “Primavera de Obama”, cuyo abrupto final con el arribo de Donald Trump a la presidencia estadounidense, obligó a los realizadores a variar significativamente sus tesis, argumentos y conclusiones. ¿Te ocurrió lo mismo?

Sí. Ex-Change estuvo produciéndose, sobre todo por razones económicas, casi durante cuatro años. Al principio decíamos: nos estamos demorando, teníamos que haberlo hecho en un año y lanzarlo durante el boom de esa primavera. Ciertamente hubiese sido un momento en que su lanzamiento hubiera tenido una repercusión internacional muy grande, porque era el instante de gloria de esas relaciones. Era una crónica inmediata. Luego, cuando vi que esa situación iba hacia atrás y hacia delante. Comenzaban cambios y otros cambios. Lo que pensábamos que iba a ser normal, de pronto comenzaba a ser anormal de nuevo. Dijimos: al final, esperar nos ha favorecido para tener una mirada sobre el asunto que no se centrara solo en ese  momento de gloria. Sino que pudiera, como la vida misma, contar qué pasó antes, qué pasó después y qué está pasando ahora. O qué puede pasar mañana.

Al final nos proporcionó una mirada desde otro ángulo para analizar el fenómeno más allá de las circunstancias festivas coyunturales. ¿Qué sucede después de esa gloria momentánea? Esperar nos permitió darle un cierre al documental, que marca el hoy. ¿Dónde termina el documental, dónde empieza la realidad?

Es uno de los abordajes audiovisuales cubanos, que sin explicitar propósitos, provoca ver a Cuba como una nación transgeográfica, cultural.

Nosotros así lo quisimos también. Te cuento: al final del documental aparece una dedicatoria que a muchas personas a causado no sé si indignación o molestia, pues decidimos dedicarlo a Celia Cruz y Juan Formell. La anécdota tiene que ver con lo que refieres. Cuando estábamos haciendo el trabajo de guion, Harold Cárdenas (el guionista) y yo nos encerrábamos en un cuarto a “chapoletear” las entrevistas, a revisar el material una y otra vez. Antes de hacer cualquier cosa teníamos un ritual: sentarnos a escuchar una canción de Celia Cruz. Pues estábamos intentando ubicarnos en ese espacio neutro.

No queríamos hacer un documental que hiciera daño a ninguna de las partes, ni a los cubanos que viven en Cuba ni a los cubanos que se fueron a Estados Unidos. Queríamos hacer un documental que de alguna manera nos permitiera unirnos, tener un pensamiento, una mirada sobre un fenómeno que nos ha afectado de alguna manera a todos. O de muchas maneras a la vez. Y sí queríamos que tuviera ese comprometimiento con nuestra realidad, con este ir y venir de las relaciones que fueron dañando lo humano, lo social, lo familiar. Sabíamos que hay mucho daño hecho por el camino.

No queríamos tampoco que fuera neutral. No existe ningún documental posible en la historia de la Humanidad que lo sea. Todos tienen una mirada. Pero abogamos por el respeto, por la diversidad. Creo que eso queda claro cuando uno lo ve. Pero también exige un respeto hacia la cultura cubana, hacia las determinaciones de cada quien en torno a su posición, su afiliación. Sobre todo promueve el diálogo como única alternativa para el entendimiento, para la convivencia. Para la paz. Creo que son palabras claves. Alguien nos decía: el documental es como una bandera blanca en medio de un gran conflicto. Saber que existe un momento para hacer alto en la guerra y entender hacia dónde nos lleva, y cómo salir de ella a la vez. Porque en definitiva no nos ayuda. No favorece a ninguna de las partes. Y lo más bonito sería lograr un entendimiento.

 

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