Alexander Izquierdo, a la derecha del cómic

Fotos: Cortesía del artista

Ha sido un cubano que conquistó el mundo del cómic internacional y logró que las historias en viñetas que recorrían las calles de La Habana en los últimos años se conocieran más allá de las fronteras marítimas. Desde hace más de una década, se inserta en el universo del cómic y ha logrado, sin dudas, insertarse en el universo internacional de creadores de historietas.

Actualmente considerado uno de los creadores de cómic más prestigioso del país, Alexander Izquierdo Plasencia (La Habana, 1978), se gradúa de pintura en 1997 en la célebre Academia de Artes San Alejandro, aunque comienza a incursionar en el 9no Arte en el año 2009. En ese principio su obra fue publicada en varios libros colectivos como Crónicas Urbanas (2010), Soñar La Habana (2014) y Habana Made in Cuba (2016). Sin embargo, su reconocimiento internacional llega con la publicación de su primer trabajo independiente: Rosa de La Habana, con guion de Duchy Man Valderá (Editorial Mosquito, 2016); al que le siguió Eugenia, la 12ma víctima (Editorial Mosquito, 2019).

 A lo largo de su carrera como artista de cómic ha estado presente en diferentes festivales del género alrededor del mundo, como son el Festival Internacional de Historieta de Argel, Argelia, en sus ediciones del 2014, 2015, 2017, 2018 y 2019; la Fiesta de la BD en Bruselas, Bélgica, en 2018 y 2019; el Festival de Historieta de Quebec, Canadá, en 2018 y el de Tramelan, Suiza, en 2018.

Sus obras descubren a un artista que utiliza el alto contraste para proveerle un ambiente especial a su trabajo. Estudioso de la obra de Breccia[1] y, particularmente, de su maestría en la manera de utilizar el blanco y el negro en la plancha, Izquierdo conjuga esta dinámica de valores con el uso de planos atrevidos y experimentales que dotan a su obra de una experiencia lectora especial.

Otro elemento que caracteriza su trabajo es la pureza dramática con la que carga a los personajes que intervienen en los cómics, tomados de la dinámica diaria de interactuar con cubanos de todo tipo a los que parece radiografiar e incorporarlos al discurso gráfico que nos presenta. Izquierdo, lector ávido de todo tipo de cómics, le entrega a la confección de la historia las miradas propias de un género capaz de captar desde el papel el desenvolvimiento humano, de forma tal que llegan a convertirse en una manera interesante y diferente de leer al cubano, basta ver el trabajo que, en 2017, aparece en la revista Le monde diplomatique[2], que lo hacen ser el primer cubano que publica en tan prestigiosa revista.


[1]  Alberto Breccia (1919-1993). Fue un artista uruguayo de cómic que desarrolló toda su carrera en Argentina. Reconocido por su trabajo con el alto contraste y su compromiso artístico con los derechos humanos y contra el autoritarismo, sus obras más reconocidas son Sherlock Time (1958), Mort Cinder (1962-1964) y Vida del Che Guevara (1968), y una readaptación de El Eternauta (1969).

[2] Le monde diplomatique. Maniere de voir. Número 155, octubre-noviembre de 2017. Págs. 38-39.

Ha sido un cubano que conquistó el mundo del cómic internacional.

Conversar con Alexander en el cálido clima de su hogar, acompañado de su esposa, también artista plástica, y su pequeña hija, es una experiencia espectacular. Nos encontramos con un cubano risueño y jovial, que comparte su pasión por el dibujo con la crianza de su niña y el estudio de la cultura afrocubana.

¿Viniendo del mundo de la Academia, cuándo comenzó tu inclinación por el cómic?

Alex: Siendo sinceros, el cómic llegó primero que la pintura, a la temprana edad de 4 años. En un sostenido afán de mi padre y un amigo suyo de mantenerme ocupado, mientras ellos trabajaban en unos planos de barcos-y de paso tomaban unos tragos-, me daban a hojear algunas historietas que había por casa. Es ese casuístico encuentro con el cómic el que bastó para decidir hacia dónde quería dirigir todos mis intentos por congraciarme con el arte, convirtiendo a esta disciplina en mi gran pasión. La Academia de Bellas Artes San Alejandro fue entonces la mejor opción que tuve para iniciar ese coqueteo artístico. En ella pasé por todo tipo de vicisitudes, sobre todo por no entender el concepto realmente académico de la escuela. Sobre esa experiencia, la historia de un adolescente en los pintorescos años 90, un día de estos dibujaré. De cualquier manera le agradezco a la Academia, pues fue allí que aprendí las técnicas de representación que hoy utilizo en la historieta.

El cómic es mi gran pasión.

Rosa de La Habana fue tu entrada al mercado francófono y a la escena internacional del cómic. ¿Cómo ha cambiado tu vida esta experiencia?

A: Antes de conocer a Rosa vivía una rutina sencilla, tranquila y feliz. Estaba aprendiendo todo tipo de cosas sobre la historieta a un ritmo delicado, dulce y cadencioso, como las canciones de Segundo Corona[1]. Para ese entonces, ya había tomado la decisión de dedicarme por entero a narrar historias con dibujos. Pero Rosa modificó todo a mi alrededor, y a ritmo de heavy metal me hizo aprender de manera muy apresurada los principios del trabajo profesional con la historieta. Este álbum, que originalmente era una historia de catorce páginas[2], me hizo tomar conciencia de la seriedad y la ética con la que debía enfrentarme a esta profesión. Fue también a partir de ahí que decidí contar mis propias historias junto a personas que compartan mi filosofía.

Has sido un artista que mantienes una línea de trabajo bastante tradicional ¿Cuál es tu método de trabajo cuando comienzas a hacer una historieta?

A: Eliseo Diego dijo algo así como: No por gusto nacemos en un lugar y no en otro, sino para dar testimonio de ello. Ese es el punto de partida para casi todo lo que hago. Luego, aparece un tema específico o una imagen recurrente, y sobre eso comienzo un largo proceso de investigación. Desde varios puntos de vista -social, político, científico, religioso, etc.-, analizo cómo cada una de estas partes aborda el tema en cuestión. Posteriormente escribo la historia en un corto párrafo, que comparto con varias personas. Luego paso al guion con los diálogos, y solo después de esto comienzo a dibujar, diseño los personajes y hago un sencillo story board[3] en el que tengo muy en cuenta el espacio que ocupan los globos de diálogos y su ubicación en la página. Ahí comienza la avalancha de papeles por toda la casa. Pudiera ahorrarme todo esto trabajando digital, pero no lo sé hacer, es mi realidad, y para consolarme he encontrado el modo de hacer valer cada boceto. Entonces convierto una limitación en una ventaja. Para una sola viñeta hago tantas variantes como sea necesario, hasta que encaje como pieza de rompecabezas en la página. Así, avanzo paso a paso hasta completar el álbum. Con todo listo procedo al trabajo de limpieza en una mesa de luz, para luego entintar. El proceso puede llevarme hasta un año de trabajo, pero no tengo apuros. Es importante decir también que en cada etapa enseño lo que voy haciendo a lectores potenciales y especialistas, para escuchar críticas y sugerencias que favorezcan el acabado final de la obra.

Eugenia es una historieta autobiográfica ¿Qué retos te impuso realizar este cómic?

A: El reto mayor que me impuso Eugenia fue el de hacer las paces con mi madre, pues en el álbum aparecen aspectos de su vida llevados a la ficción. Con este libro siento que cerré un ciclo de sanación emocional. Otro reto fue intentar equilibrar mi responsabilidad en la gráfica con la calidad del guion, a cargo del historietista belga Etienne Schréder.

¿Actualmente dónde crees que se encuentre la historieta cubana dentro del panorama internacional y qué crees que necesite para desarrollarse y llegar a los niveles de la actualidad mundial?

A: Considero que la historieta cubana está a un paso de una mejor visibilidad en el ámbito internacional, pues desde los últimos diez años ha ido ganando espacios de promoción. Actualmente, y a pesar de los muy buenos intentos de algunos artistas e instituciones por engrandecer la historieta cubana, percibo cierta falta de unidad entre los creadores, lo que atenta contra la evolución del propio gremio. Pienso que cuando seamos “adultos de la historieta” y nos hagamos verdaderamente responsables de esta, lograremos alcanzar la calidad óptima y el reconocimiento que anhelamos.

A pesar de ser uno de los artistas de cómic contemporáneos más importantes de Cuba, todavía no contamos con tu obra en editoriales nacionales. ¿Te ha sido complicado publicar en la isla?

A: Esa importancia que me atribuyen, y que agradezco, no es más que un gran peso sobre mis espaldas.  Creer que aquel debut en la editorial Mosquito fue sinónimo de madurez profesional no es una impresión del todo acertada. Aunque si el editor vio algo en mí, sinceramente yo no estaba listo aún para enfrentarme al mercado de la historieta, sino que estaba en pleno proceso de aprendizaje. No he publicado aún en nuestro país pues pretendo preparar un proyecto que satisfaga las necesidades de ambas partes. Algo que es un sueño para mí. Las editoriales de la Isla tienen una respetable y muy marcada política creativa… y yo también.

 Sabemos que tuviste un personaje llamado SuperAlexMan, un súper héroe inspirado en ti, sin embargo ¿Si fueras un antihéroe qué características tuvieras?

A: Cierto, hace algún tiempo les presenté al mal llamado súper-héroe (Súper-Alex-man), como un reflejo de mi propia personalidad,  condicionado desde niño por el sostenido bombardeo mediático que existe alrededor de los “súpers”. En realidad Súper-Alex-man es mi alter ego, inspirado también en un personaje de la religión yoruba, que camina 12 centímetros por encima del suelo. Podría considerarse a Súper-Alex-man como un antihéroe, pues tiene las características y defectos de un ser humano ordinario que solo quiere encontrarse a sí mismo y vivir su propia aventura. Sin pretenderlo expresamente, en su eterna levitación, termina ayudando a las personas que están a su alrededor de la forma más inesperada, incluso para él.

A los nuevos artistas, qué recomendaciones les dieras para tener éxito en el mundo del cómic

A: A los artista en general les digo ¡DESPIERTEN!, dejen de seguir los pasos de los historietistas estadounidenses y asiáticos, dejen de aplicar para formar parte en cualquier escuadrón suicida, no funciona así. Sacudan todo tipo de influencia tóxica y lleguen a la esencia de sí mismos, vivan y cuenten su propia experiencia, sean sobre todo fieles seguidores de su propia cultura y dense like ustedes mismos. Hemos nacido aquí, y no es por casualidad. Seamos los cronistas de nuestra época, unámonos en cuadro apretado, y creemos la Historieta Cubana, que solo nosotros podemos y tanto deseamos hacer.


[1] Personaje protagonista del cómic Rosa de La Habana, que se dedicaba a cantar y tocar guitarra en la Bodega de los 5 quilos, donde se desarrolla parte de la historia que se cuenta.

[2] Publicado en: Colectivo de artistas. Soñar La Habana. Maison Autrique, 2014. Págs. 39-52.

[3] Conocido también como guion gráfico, es un conjunto de ilustraciones que, secuenciadas, se utilizan como guía de previsualización en la confección de un cómic.

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