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El rostro fílmico de la Historia: El Mayor (+ Videoclip)

Por: Berta Carricarte

Entre las obras en concurso durante el Festival Internacional de cine de La Habana, ya recorre las pantallas la cinta El Mayor (2020) dirigida por Rigoberto López.  Autor del documental antológico Yo soy del son a la salsa (1996)y de los largometrajes Roble de olor (2004)y Vuelos prohibidos (2015), ahora el realizador propone un interesante acercamiento a la historia de las guerras de independencia, a partir de la rivalidad que sostuvieron Carlos Manuel de Céspedes e Ignacio Agramonte.

Atractivo punto de partida según el guion escrito por el propio López junto al dramaturgo Eugenio Hernández Espinosa. La puesta en escena desarrolla suficiente nivel de intriga como para mantener al público pendiente de la trama y, sobre todo, del esperado choque de titanes que promete la enconada diferencia de criterios entre dos grandes dirigentes de la contienda contra España . Hay que tener en cuenta que la cinta se inspira en hechos reales, lo cual no quiere decir que le deba obediencia absoluta a los acontecimientos verídicos.  Pero para salirse del guion de los manuales de historia, hay que disponer de una fortaleza ideoestética, que sirva para cubrir los requerimientos argumentales de un filme de ficción convencional que, como este, responde a los más trillados modos de narración.

Sin embargo, tras plantear el núcleo conflictivo en torno a la disputa por el poder y la fuerte discrepancia entre dos caudillos, la película sede terreno a las peripecias del combate, las “espectaculares” cargas al machete, y las diversas operaciones bélicas que caracterizaron la corta vida de Agramonte.

No podían faltar las emotivas cartas de amor que cruzaron Ignacio (Daniel Romero) y su consorte Amalia Simoni (Claudia Tomás). Es un filme sobre hombres que hacen sus cosas y mujeres que aguardan en la mansedumbre más o menos confortable del hogar. Excepción hecha del personaje de Ana Betancourt, a quien se le conceden unos breves segundos para reclamar el derecho al voto femenino, y asomar emocionada el rostro durante la aprobación de la Carta Magna en la Asamblea de Guáimaro.  

Poco a poco la película se va tornando una sumatoria de viñetas mejor o peor ambientadas en las que los hombres combaten, los hombres discuten, Amalia pare, la familia es detenida, la familia emigra, más combates, apresan a Sanguily, se rescata a Sanguily, vienen otras cargas al machete hasta que Agramonte es herido de muerte.

Ante tanta planimetría y previsibilidad del relato, un buen desempeño actoral hubiera hecho la diferencia. Además de los ya mencionados, figuran en el elenco Rafael Lahera, Enrique Bueno, Ulyk Anello y Aramís Delgado. Todos actores de probada trayectoria. Sin embargo, cuesta sobreponerse a la rigidez e inverosimilitud de los diálogos para intentar seguir la anécdota. Aun así, la barbarie de lo que vemos en pantalla nos recuerda una vez más la receta con la que a través de los tiempos ha querido solventarse toda discordia pública, todo diferendo sociopolítico, todo modelo de opresión: la violencia.

Un filme de época no puede solo servir para reescribir artísticamente lo que se dice que pasó una vez, hace mucho tiempo. Una película que se remonta al pasado siempre va a suscitar un diálogo del espectador con el presente.

Exaltar la violencia per se, como lúdica ilustración de masculinas vanidades, ya no sirve para educarnos como nación civilizada, ni es algo por lo que deberíamos sentir motivación para ver un filme inspirado en nuestra historia. Hay voces que no se escuchan todavía en los relatos del pasado. Hay muchos temas ausentes, y otros lugares desde los que contar lo que fuimos y lo que hicieron nuestros antecesores. La negra no puede seguir limitándose a ser la partera o la nana, los negros no pueden seguir siendo relleno y las mujeres en general, no pueden quedar siempre confinadas al papel de muñequitas de biscuit.

Algo que me llamó poderosamente la atención es que el staff de la película tiene una fuerte presencia femenina: Arietis Valdés en la dirección de arte, Anisleidys Boza y Yohannia Cabrera en el diseño de vestuario; en el maquillaje la consagrada Magaly Pompa junto a Magdalena Álvarez, el montaje a cargo de Beatriz Candelaria y el diseño sonoro de la joven y experta Velia Díaz de Villalvilla. Esto nos dice claramente, que no está lejano el día en que también una mujer tenga el mando principal en el rodaje de un largometraje de época, tal vez inspirado en hechos históricos. Y espero que, para entonces, toque a las mujeres algo más que unas breves palabras en una asamblea de varones.

Sugerencia de la autora: Próximamente en cines El Mayor: homenaje al hijo más ilustre de Camagüey

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