Marighela. Retrato del héroe en clave de ficción

Por: Berta Carricarte Melgarez

Para representar a quienes lucharon y resistieron durante la dictadura militar en Brasil, y para acompañar desde el arte a los que resisten hoy los despropósitos e insensateces del actual gobierno brasileño, se presenta el filme Maringhela, película dirigida por el multifacético Wagner Moura, presente en la 41 edición del Festival de cine de La Habana.  Con formación profesional de periodista, a Moura se le reconoce como actor, compositor y cantante. Señalado por su interpretación en Tropa de élite, y por su personaje de Roque, en La red avispa (Olivier Assayas, 2019), ahora debuta como director y, además, guionista del propio filme junto a Felipe Braga.

Una vez más el cine nos cuenta la historia de un héroe, un hombre que sacrificó su vida por la causa de la libertad: Carlos Marighela. Y dado que su vida estuvo colmada de rebeldía y oposición activa al sistema político brasileño, veremos en poco más de dos horas y media, asaltos, tiroteos, torturas, masacre, golpizas, heridos sangrantes, muertos acribillados, pánico, escapadas en autos, suspense, bombas que estallan, en fin, un auténtico thriller político. La acción trepidante es el núcleo expositivo de Marighela, desarrollado con tal habilidad que el tiempo no pesa ni mengua el interés.

Otra vez el cine cumple su función de reconstruir la Historia y actualizar sucesos y personajes que tuvieron un papel fundamental en un momento determinado, y que vale la pena recordar y releer a la luz de los acontecimientos que vive ahora mismo el gigante suramericano. Por esa causa y por los resultados artísticos que, sin dudas, ostenta el filme de Moura, merece los aplausos que le tributó la audiencia cubano-brasileña que colmó el cine Yara durante la proyección.

Sin embargo, más allá de su calidad cinematográfica y de su valor ficcional y documental, esta obra también sirve de reflexión en torno a aspectos que trascienden la mera toma de partido político. Es decir, que supera el solo hecho de ver el contexto dramático como el espacio de enfrentamiento entre los testaferros de la dictadura y los luchadores marxistas. La película también cuenta el ciclo de violencia social que aparentemente comienza con el golpe militar y recibe como respuesta la violencia de la insurrección urbana.

No obstante, desde mi punto de vista, la violencia es un fenómeno que acompaña a la sociedad desde tiempos inmemoriales, y que se ha venido perpetuando como un mal endémico, con puntos picos –las grandes guerras que en el mundo han sido-  y con numerosos focos en todo el globo terráqueo, que se activan inesperadamente y rara vez se apagan, para reactivarse tiempo después. Sin extenderme demasiado en un tema que da para un extenso pliego, y sin ánimo de salirme de esta breve reseña, lo que corroboro al ver este filme, es que la violencia engendra violencia, que engendra violencia que engendra violencia…, en un ciclo interminable que sobre todo lleva a la pérdida de vidas humanas valiosas, a la destrucción de la familia y a la renovada impotencia y frustración colectivas.

También es cierto que en los años sesentas la lucha armada se presentó como la oportunidad de liberación nacional para muchos pueblos del mundo que, inspirados en el ejemplo de Cuba –como reconoce el propio Marighela- soñaron con alcanzar una sociedad más justa y poner fin de una vez por todas a esa misma violencia político-social. La conquista de la libertad mediante la guerra fue una consigna muy tarareada, y la lucha clandestina y la guerra de guerrillas, el “recurso del método” por excelencia. En la lucha política el concepto “Batalla de ideas”, utilizado y promovido por el propio Fidel Castro en sus últimos años de liderazgo, no estaban de moda en 1964 cuando Marighela optaba por la peligrosa ley del talión, tal como afirma el personaje.

Según Moura, después de recorrer varios países y festivales con la cinta, el Festival de la Habana constituye una especie de cierre de ese periplo. El reto ahora es poder mostrarla en Brasil, donde la censura ha impedido su distribución y exhibición. La cinta del novel director actualiza la versión Marighella, Retrato falado do guerrilheiro (“Marighella, retrato hablado del guerrillero”), documental de 55 minutos dirigido por Sílvio Tendler en 2001.

Con un protagonismo nulo por parte de los personajes femeninos, apenas visibilizados como es costumbre en los relatos de masculino mirar, Marighela, tienen a su favor que no solo ofrece la imagen de un combatiente implacable, de un guerrero intrépido y físicamente imponente; sino que también lo vemos cometer errores, llorar desconsoladamente por añoranza de su hijo; refugiarse como un niño que busca protección entre los brazos de su compañera sentimental y bromear como un adolescente en medio de terribles circunstancias. Por esta vía se suaviza la imagen del líder y mártir del grupo Acción Liberadora Nacional, a quien la dictadura dio tratamiento mediático de terrorista.  También agradezco el conocimiento sobre una parte de la historia de un país tan amado, y sobre un luchador que merece respeto, por la sinceridad de sus ideas y el amor a su patria.

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