Recuerdos de Cecilia y Humberto Solás

Por: Rafael Lam

            Este 2020 se cumplen 40 años del inicio de la filmación del largometraje cubano de ficción Cecilia, una versión libre del maestro Humberto Solás sobre la novela nacional cubana: Cecilia Valdés, de Cirilo Villaverde, publicada en su versión definitiva, en 1882 y cuya trama central es conocida por la mayoría de los cubanos.

            El próximo 2021 se conmemora el aniversario 80 del nacimiento de Humberto Solás Para ir calentando la atmósfera, quiero recordar mis conversaciones con Humberto Solás. (La Habana, 4 de diciembre de 1941-La Habana, 18 de septiembre de 2008)

Conocí a Solás en 1975, en la película Cantata de Chile, donde yo participo, como extra, por embullo de un amigo que era del Icaic. Yo hacía de un pampino de esos que habita o proviene de la zona desértica del norte de Chile, pampa comprendida entre las regiones de Tarapacá y Antofagasta).

Nuevamente participo (como espectador) en una película de Solás, cinco años después, en 1980, en la película Cecilia. Estuve presente en las escenas de la Plaza Vieja, ante cientos de extras. Asisto a esas filmaciones porque yo conozco al actor principal Imanol Arias. Imanol se hospedaba en el hotel Habana Libre donde yo colaboraba en algunas actividades musicales en la piscina. Le escribo un guión a Imanol en la presentación de uno de los músicos del grupo Irakere. Entonces Imanol me invita a estas escenas en la Plaza Vieja, no quería que me perdiera ese acontecimiento.

Cuando llegué le dije: “Te vine a ver”, y me contestó enfáticamente: “!Me verás! ”.

En el camerino improvisado Solás fumaba pausadamente, mantenía la ecuanimidad; era el asistente, bocina en mano, quien gritaba sin parar para comenzar las escenas.

Andando el tiempo le pregunté a Solás cómo podía mantenerse tan ecuánime en las escenas de la película en la Plaza Vieja. Me contestó: “La tensión, procesión va por dentro, lo que pasa es que hay que mantener la calma como los capitanes de barco cuando se está hundiendo en el mar.”

Cuando aparece la debatida película Cecilia, el crítico Mario Rodríguez Alemán le hizo una crítica feroz con mucha saña. Mario Rodríguez Alemán se lanzó a fondo con su crítica contra la película en los artículos Algunas observaciones preliminares y Cecilia vs Cecilia Valdés, aparecidos en el periódico Trabajadores el 12 y el 13 de julio de 1982. Escribió el crítico que “valdría la pena hacer una «versión libre» de una obra que de este modo gane fuerza y expresividad artística al convertirse en filme. Pero no así, cuando, como en este caso, Cecilia es una realización desigual, decepcionante, inadmisible si se compara con la novela. (…) peca de ampulosidad, de rebuscamientos innecesarios, de un tratamiento freudiano que se aparta de la línea del realismo crítico que siguió Villaverde en su novela. (…) El filme es aún menos realista que la novela, porque está más en función del mito del sincretismo religioso afrocubano —que Villaverde trata, pero de paso, y nunca de este modo, porque para él esto es secundario— que, de la anécdota de los hermanos incestuosos, de la verdadera y profunda denuncia antiesclavista, del costumbrismo y el folclor tan bien diseñados, y del melodrama de tolerable aceptación. El filme tiene implicaciones románticas y melodramáticas de subido tono, su carga realista es de segundo orden, y el reflejo de los verdaderos problemas sociales y políticos, que presenta el original villaverdiano, pasan a un plano secundario para dar prioridad al mito, al onirismo y a un misticismo subido tono y a un folclorismo constante”.

La crítica tuvo repercusiones, eran tiempos difíciles. Sin embargo, un popular actor de la firma Rede Globo de Brasil, Rubens de Falco (el villano Leoncio), en su visita a La Habana, dijo que, “en esa película tiene sus más y tiene sus menos; pero se nota que ahí hay un actor”.

La Gaceta de Cuba, mayo-junio de 1993 y en Revolución y Cultura, noviembre de 1988, el cineasta aseguraba que la película “significaba lo que todos sabemos: una versión libérrima de la obra de Cirilo Villaverde. (…) Me di a la tarea de imaginar todo lo que el escritor había escamoteado, lo que se había autocensurado, y lo puse en la película. Eso fue considerado un acto sacrílego… No me arrepiento de lo que hice, aunque sea una película muy irregular”. En otra entrevista explica sus propósitos: “Con Cecilia me propuse superar una visión un poco mojigata, edulcorada, de esa iconografía tipo Landaluce, y quizá no lo logré. Quise ir más allá de los atavismos y prejuicios que habían podido limitar a la novela y me sumergí en una aventura de cuyas consecuencias estaba muy consciente. Tal vez resultó demasiado obvio el intento de imbricar la historia de los personajes con el acontecimiento social. Pero yo quería evitar el paternalismo racista que sentía en la obra literaria y patentizar mi criterio de la cultura cubana como una cultura de sincretismo. Con la perspectiva que hoy me da el tiempo, reconozco que Cecilia tiene muchos altibajos, con momentos muy logrados y otros poco felices, pero creo que su crítica sobrepasó los marcos del enjuiciamiento de la obra artística, porque había, además, otras motivaciones que yo calificaría de políticas, sectarismos de grupos que querían hegemonizar la vida cultural del país”.

Todavía hoy día siguen las diatribas con relación a esta película Cecilia, aunque Solás reconoce sus altibajos y que, también existieron pugnas muy usuales en el mundo del arte. El tiempo sigue pasando, se van decantando los hechos y, la película está ahí, para que el próximo año vuelvan a cruzar armas en pro y en contra: eso es bueno.

Por cierto, en este 2020 se está cumpliendo 200 años en que Cirilo Villaverde viene del ingenio Santiago de Pinar del Río a residir a La Habana, la ciudad más rutilante de América Latina.   

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