Hurgar en “La caja negra”

*Este texto es parte de Miradas, segmento de opiniones sobre un tema de nuestra agenda en la Revista Cubanow.

Por:  Valia Valdés

Hace pocos días vi el filme “La caja negra”, en el cine Charles Chaplin, acompañada por una persona que era niña cuando los sucesos de La Coubre, desconociendo las emociones que en ese momento sentía la mujer que, a un asiento de distancia, tosía nerviosamente al ver en pantalla los destrozos humanos ocasionados por aquel terrible sabotaje que algunos insisten en presentar como una artimaña del gobierno cubano.

Mientras X temblaba al recordar el sonido de las explosiones que percibió hace 62 años, desde el poblado de Regla, y recuperar la imagen de la compañerita que quedó huérfana de padre como consecuencia de ese crimen, yo escudriñaba los rostros de las multitudes que, en distintos momentos de la película, atestiguan los eventos políticos ordenados cronológicamente. Buscaba en ellos a mis padres, tratando de comprender el compromiso establecido por aquellos hombres y mujeres que cambiaron sus anhelos cotidianos por ideales de justicia y los sueños propuestos por Fidel.

Me parece imprescindible que los jóvenes vean esta película. Igualmente, presentarla a los estudiantes de la enseñanza media y superior. Es una oportunidad única para entender las decisiones personales de los que nos engendraron y el por qué del rumbo de nuestra vida como nación. Asimismo, alejarnos por un momento de la frivolidad que se adueña del pensamiento contemporáneo y entender el hoy desde el análisis y también desde las historias individuales, hurgar en el pasado para desgranar el convulso presente.

Kiki Álvarez es un artista valiente al acometer un tema del que muchos prefieren evadirse, a pesar del cuestionamiento político a que está acostumbrado el cubano. Respecto al guión de Álvarez y Liana Domínguez, no me resulta convincente el tejido de la ficción que justifica el repaso histórico, debido a la cantidad de elementos referenciales que incluye, una llamada telefónica que pierde la oportunidad de ser video llamada o el abuso del recurso anecdótico, el cual limita la acción. Actoralmente, Anel Perdomo es una actriz interesante que desaprovecha las cúspides emocionales del rol asignado y difiero de la inclusión del actor Omar Franco en el breve elenco pues, aunque el intérprete ha demostrado su capacidad histriónica, tanto en el drama como en la comedia, no se adecua a los estándares de edad y expresión oral que hubieran resultado más acordes y útiles al personaje que asume.

A pesar de estas consideraciones, valoro “La caja negra” como una experiencia impactante, dignificada por la meritoria búsqueda documental, la fotografía, la música y la banda sonora. No es perfecta, pero es legítima, sincera. Hay que ver y pensar: “La caja negra”.

Enlace relacionado: Diario desde una caja sin fondo

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