Los paradigmas de la radio

Por: Bruno Suárez Romero

El aporte cultural de la radiodifusión cubana al espectro del medio a nivel internacional es reconocido por investigadores del tema y a la sazón se han publicado libros y artículos en revistas especializadas.

La Feria del Libro de la Habana ha sido escenario de múltiples presentaciones de textos relacionados con la historia de la radio y sus hitos profesionales.

Autores como Oscar Luis López y Josefa Bracero, notables creadores dentro del gremio, han asumido el rol de historiadores y plasmado de forma cuidadosa y vehemente segmentos del quehacer radial, con énfasis en los primeros cincuenta años de existencia del medio en nuestro país.

De las páginas de esos libros saltan al presente nombres como los de Enriqueta Sierra, Felix B. Caignet, María Valero y Leopoldo Fernández, acompañados por la trascendencia de obras como El derecho de nacer y La tremenda corte.

Esos nombres y otros que también guardan los libros, son los paradigmas profesionales del medio a partir de los cuales se forjaron las generaciones sucesoras.  

De esos paradigmas nacieron los métodos y recursos que conforman el lenguaje expresivo y comunicacional de la radio, que se ha llevado a conceptos por luminarias como Marshall McLuhan y Jesús Martí-Barbero, pero se operacionalizan desde el quehacer en: cómo se debe escribir un libreto, cuál debe ser la aptitud delante de un micrófono y cuales las condicionantes técnicas para la realización.

Como patrimonio indiscutible de la radio nacional están sus noticiarios, sus revistas de variedades, la difusión de música de concierto en CMBF y la instrumental popular en Radio Enciclopedia, la manera peculiar de ofrecer informaciones y la hora, minuto a minuto en Radio Reloj y la producción sistemática de dramatizados en varias emisoras del país, esto último considerado una exclusividad a escala internacional.   

Nuestro país siente el orgullo de haber lanzado al mundo artistas paradigmáticas como Rosita Fornés, Esther Borja y María de los Ángeles Santana, cuyas memorias han sido recogidas y escritas en biografías y entrevistas, así como las del locutor Germán Pinelli, el escritor Alberto Luberta y el narrador deportivo Eddy Martín, entre otras notables figuras de nuestros medios.

En otra dimensión del asunto se conoce que la radio cuenta con muchos hacedores anónimos, que desde la humildad y la no resonancia pública han hecho aportes trascendentales y también se les considera, a lo interno por sus colegas, como paradigmas profesionales del medio por su obra y sabiduría acumuladas.

En estos días, cercanos al centenario de la radiodifusión en nuestro país, hay un grupo de radialistas que, por la lógica del tiempo, han arribado a su edad de jubilación y después de décadas de entrega dicen adiós a la vida laboral activa.

Si percibimos el suceso con mirada científica nos percatamos de que, estos hombres y mujeres son una puerta abierta a nuevas investigaciones, al ser especiales portadores de un knowhaus, una manera de hacer dentro de la radio forjada en la vivencia de las transiciones tecnológicas y estética entre los siglos XX y XXI, en Cuba.  

En ellos ha quedado una parte de esa historia que aún no se ha escrito. De sus recuerdos y experiencia pueden surgir libros futuros, donde se conserve y defienda la memoria cultural de la nación.

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