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El ojo derecho de Santiago Álvarez

Por: José Dos Santos

Con su partida física, a los 90 años, mi colega de muchos episodios comunes me deja el sabor amargo profesional de nunca haberme concedido la entrevista que siempre soñé hacerle sobre sus múltiples andanzas con el genial documentalista que fue –y sigue siendo—Santiago Alvarez.

Tras una personalidad que rehuía ser centro de su quehacer en aquellos años incansables de las décadas de los 70 y 80, cuando mejor lo conocí en plena acción, le insistía en hablar al respecto en alguna pausa de las coberturas en las que coincidíamos –tomas de posesión presidenciales, Cumbres Iberoamericanas y otras actividades a las que concurría Fidel: siempre me dejó para después el relato de una existencia creativa a la sombra del astro luminoso que era Santiago, cuya obra aún hoy tiene mucho que enseñar, por agudeza, calidad plástica, intención y argumento, e incluso uso de la música.

No fue el único de sus camarógrafos, porque nunca hay que olvidar al entusiasta Derbis Pastor, pero si el de mas relieve. Al que jamás aprecié que su jefe le orientara plano, escena u oportunidad para captar con su lente lo que le interesaba al director: había tal comunicación entre ambos que sin mediar palabra alguna Iván capturaba con su lente lo esencial del momento, pieza clave para el mosaico visual que el principal documentalista latinoamericano quería armar.

Desde entonces me rondó el propósito periodístico de hablar sobre “el ojo derecho de Santiago Alvarez”, como le dije que titularía el material para provocar su interés en hablarme sobre él pero… ya no será posible. 

Me queda el consuelo de haber conocido a un gran y modesto profesional, del que espero muchos que le conocieron mas ayuden a divulgar su figura, honrada con el Premio Nacional de Cine en 2016, cuando ya ostentaba la condición de Director de fotografía del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos y se le reconocía como “Ejemplar fusión de talento, técnica y sensibilidad artística”.

Como CODA, reproduzco una breve semblanza a la que hoy recurren los interesados en su sobresaliente hoja de vida:

“En 1960 comenzó a trabajar en el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) como asistente de cámara. Participó como parte del equipo técnico del largometraje Cuba Baila y en el documental Historia de un Ballet. A fines de 1960, comienza a trabajar como camarógrafo en el Noticiero ICAIC Latinoamericano y reportó todos los eventos nacionales e internacionales para este noticiero de frecuencia semanal que se proyectaba en las salas de cine cubanas. Realizó más de mil noticieros entre 1960 y 1991 y ha prestigiado con su oficio de fotógrafo innumerables obras documentales. Los filmes Ciclón (1963), Hanoi, Martes 13 (1965) y 79 Primaveras (1969), de Santiago Álvarez, son algunas de las importantes obras documentalísticas que cuentan con su fotografía.

“Inspirada en las vivencias de Nápoles como fotógrafo y reportero en la guerra de Vietnam, la actriz y realizadora Isabel Santos dirigió el documental Viaje al país que ya no existe (2015). El jurado integrado por el director teatral Carlos Celdrán; el artista de la plástica Ernesto Rancaño; el escritor Eduardo Heras León; la cineasta, Rebeca Chávez; la vicepresidenta del ICAIC, Susana Molina; el director de animados, Juan Padrón; y el director de fotografía, Raúl Pérez Ureta, decidieron por unanimidad otorgarle el Premio Nacional de Cine 2016, máxima distinción que otorgan el MINCULT y el ICAIC, como reconocimiento a su labor y aportes al cine y la cultura nacional”.

Que su obra y vida sirva de ejemplo y acicate a las nuevas generaciones de realizadores cubanos del audiovisual.

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