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La música en el cine

Por: Rafael Lam

Me contaba el musicólogo José Loyola que, después de una era de música electroacústica, electrónica, de la galaxia eléctrica, casi cósmica con las posibilidades de la informatización en los estudios fílmicos y de grabaciones; aparece ahora una búsqueda de los orígenes, de las sonoridades acústicas. Las orquestaciones actuales en los dibujos animados de las grandes realizaciones cinematográficas internacionalmente utilizan la sonoridad acústica sinfónica, a veces en coexistencia con las electroacústicas y digitales; es decir lo arcaico con lo moderno.

             Igualmente se observa en las producciones de ficción y documentales: La guerra de las galaxias, El Padrino, Aventuras de Indiana Jones, Titanic, El pianista, Estado de sitio.

            La importancia entre la música y el sonido, la música y la imagen fílmica es vital. Este fenómeno fue una verdadera revolución ocasionado por la aparición del cine sonoro, en 1927.

Todo ello influyó en una mejor y más profunda apreciación del arte musical. Toda función o como una unidad cerrada en un bloque compacto de expresión musical audiovisual.

En realidad, el cine documental posee afinidades expresivas, la imantación que el sonido le presta a la imagen para lograr un impulso emotivo y conceptual en la condición estética del cine.

En el campo del documental de la factura de Santiago Álvarez la utilización de la música fue esencial. Recordemos la inclusión de la obra de Dámaso Pérez Prado, “Tema de dos mundos (Suite exótica de las Américas), en la musicalización del documental del Ché Guevara.

La música antes de Santiago Álvarez se utilizaba en los documentales, era de apoyo, pero no era conceptualmente parte de la dramaturgia de la obra; es decir, se ponía como un elemento más.

Acerca de ello el periodista Freddy Moro explica que “Si había una locución y quedaba un bache, ese bache era de silencio, y entonces ponían música. Luego seguía la noticia. A veces sí, a veces no, tenían la música como un background, es decir, como de fondo, pero a veces no lo hacían así, ponían al locutor solo y la música era como una cortina entre una noticia y otra. Muchas veces se ponía un spot intermedio, que era casi siempre el nombre del noticiero, y ahí le colocaban una musiquita para apoyo”.

En el caso de Santiago Álvarez eran verdaderas obras de arte su musicalización. Es por eso que hoy día se investigan los aportes hechos por Santiago Álvarez en la música dentro del documental.

El cine cubano posee un catálogo muy extenso de obras documentales de altísimo valor artístico, científico y técnico, que abarca prácticamente todas las esferas de la vida natural, socio-cultural y existencial.

Loyola asegura que, en ese complejo y rico universo temático, la música ocupa un lugar privilegiado, en unos casos como elemento fundamental de la banda sonora, y en otros, como protagonista de la trama secuencial sobre la cual se asienta el audiovisual.

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