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El cómic cubano en el 2022

Por: Haziel Scull Suárez

El 2022 fue un año de recuperación para el cómic nacional. Tras un periodo de encierros y actividades virtuales, la llegada de una nueva normalidad –con las facilidades y aperturas que ella requería- fue recibida con beneplácito y, sobre todo, esperanza.

El primer gran evento en que el cómic tuvo el protagonismo que se deseaba fue la Jornada de la historieta francófona, auspiciada por la Alianza Francesa de Cuba, la Casa Víctor Hugo, el centro cultural Vitrina de Valonia y la Oficina del Historiador de la Ciudad; además de haber contado con el apoyo de las embajadas de Bélgica, Francia, Suiza y la oficina del Gobierno de Québec. Este mega evento se realizó entre los días 12 y 15 de enero y en él se respiró un ambiente diferente entre los artistas del cómic cubano y los artistas foráneos invitados, entre los que se destacaron las historietistas francesas Aurélie Neyret y Maurane Marzars, el ilustrador y editor belga Dimitri Piot y la experimentada diseñadora gráfica y dibujante suiza Héléne Becquelin.

Las jornadas, repartidas en los espacios ofrecidos por la Vitrina, la Alianza y la casa Víctor Hugo, estuvieron marcadas por conferencias relativas al panorama actual del cómic, tanto en el universo francófono, como en nuestro país; el reto del proceso editorial, la representación femenina en el medio y el impacto de la pandemia de Covid-19 en la creación.

Paralelo al evento teórico, en esos mismos espacios, se encontraban las exposiciones Plan de 3 (una mirada al cómic contemporáneo francófono europeo, compuesta por obras de artistas belgas, franceses y suizos), Heroínas (sobre historieta francesa)y Hoy (una muestra del cómic quebequense). Estas exposiciones, vistas como una totalidad, son el resultado de un trabajo de coordinación y organización que logró traer una visualización de cómo es el discurso narrativo allende los mares y a dónde deberíamos ir los cubanos con nuestro arte. Son, evidentemente, una ventana al amplio cosmos creativo exterior.

En el marco de esta jornada, y como parte del los resultados del taller que el artista belga Etienne Schréder imparte en Vitrina de Valonia hace más de cinco años, el miércoles 12 se presentó el quinto número de la revista de historieta Kronikas-El inventario imaginario, una publicación anual que realiza la Maison Autrique, en Bélgica, que consiste en una compilación de cómics realizados por artistas de diversas partes del mundo, en los que están incluidos una decena de cubanos, que en esta edición abordaron el patrimonio Art Noveau habanero desde el 9no Arte.

Tras un receso de varios meses, donde las redes sociales no dejaron de ser escenario para el posteo de trabajos de diferentes artistas gráficos cubanos, llegó julio, un mes de especial interés para el cómic nacional. Es aquí cuando las miradas entusiastas se vuelven hacia la central provincia de Camaguey, donde, desde 2010, se realiza Artecómic, uno de los eventos más prestigiosos sobre historieta en Cuba.

El entusiasmo de los artistas, este 2022, no era en vano, ya que iba a ser la primera edición presencial desde el año 2019. Así la ciudad de los tinajones, entre el 6 y el 9 de julio, fue el epicentro del movimiento de cómic a nivel nacional. Precisamente por esta razón su organizador, Alfredo Fuentes,  quiso combinar con los tradicionales talleres y foros teóricos, la proyección de películas y la inserción de estudiantes de escuelas de artes en las conferencias. Como es costumbre en el evento, el momento editorial estuvo presente gracias al editor santiaguero Rainer Martínez, quien presentó el libro Hablando con gato, del historietista e ilustrador Irán Hernández.

El centro cultural Vitrina de Valonia, de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, aliado histórico de las Jornadas, estuvo representado con las conferencias de Haziel Scull, Richard Hechavarría, Ariel Bravo y Elianeth Echavarría; quienes disertaron sobre distintas áreas de la teoría del cómic y su funcionalidad como manifestación del arte independiente. También el habanero Abel Molina llevó a la región agramontina su proyecto ¿Infancia? ¡Presente!, sobre la cultura de los años 70 y 80 en Cuba.

Pasado el calor del verano caribeño e iniciada la llamada temporada invernal, vuelve a colocarse la historieta en las principales tendencias con la llegada de la Semana Belga, que aconteció entre el 1 y el 15 de noviembre.

En esta ocasión la Fábrica de Arte Cubano acogió al realizador y guionista belga Philippe de Pierpont, quien también impartió charlas en el centro cultural Vitrina de Valonia. La experiencia de este artista –ligada a una sapiencia ilimitada- logró convocar no solo a historietistas y estudiantes de la Facultad de Medios de Comunicación Audiovisuales de la Universidad de las Artes (FAMCA-ISA), sino también a público en general interesado en la construcción y formas de narrar historias. Los encuentros, planificados para pocas secciones, se volvieron intercambios casi diarios en la biblioteca de Vitrina de Valonia a donde muchos llegaron con ideas para contar. A estas charlas se integró también el historietista quebequense Paul Bordelau, quien asistió como invitado a esta jornada y deleitó a todos los presentes con interesantes conversatorios sobre la dinámica de publicación y edición de cómic en Québec.

La familiar Vitrina fue el lugar donde surgió, hace más de cinco años, Kronikas, revista de historieta donde el patrimonio y su preservación unen a los artistas cubanos y belgas. En esta ocasión la presentación de su sexto número se realizó en el Hurón Azul, antigua casa del pintor Carlos Enríquez en las afueras de la ciudad, donde se disfrutó de un intercambio entre historietistas y público en torno al panorama actual del cómic cubano. Es este año el primero en el que se presentan dos números de la revista, lo que ha provocado que muchos artistas que aún estaban en el anonimato decidieran dar el paso hacia la presentación de sus trabajos con vistas a publicarlo en próximos números. La exposición de estas obras, respetando la itinerancia de esta jornada, se realizó en Ágora Café, frente al malecón habanero, algunos días después.

Aunque estos hayan sido los eventos más importantes de este año que cierra, no significa que hayan sido los únicos. La Habana se complació con la presencia de dos grandes historietistas que vinieron a donarnos su experiencia y colaboración en momentos diferentes: Edd Muñoz, de Colombia y Anne Villeneuve, de Canadá.  Ambos impartieron sendos talleres en la biblioteca de Vitrina de Valonia y tuvieron secciones de intercambio con los artistas cubanos.

También el 3 de diciembre se celebró el 15 aniversario del evento Behíque, un espacio para la literatura fantástica y la ciencia ficción coordinado por Sheila Padrón Morales y en el que se realiza un concurso paralelo llamado Mabuya que tiene, entre sus categorías, la historieta. En esta ocasión, pese a la lamentable poca participación, se vieron resultados alentadores en cuanto a la calidad de los trabajos y la intención de continuar trabajando en la promoción del cómic.

De manera general se siente un renacimiento, una voluntad de que la historieta no solo se mantenga siendo una manifestación de referencia, sino que sea una sola a lo largo de toda la isla. Las integraciones no se han detenido: Artecómic, Mangakure-san, Viñeta 9 y Los matanceros se han mantenido en sinergia constante; ya sea virtual o presencial. Tanto los talleres de Rutas y Andares, como los talleres cíclicos de la Vitrina han mantenido un discurso responsable en cuanto a la promoción y expansión de la historieta en la capital, aunque no son los únicos.  

Para el año entrante hay buenas noticias, comenzando por la seguridad en la realización del III coloquio Historieta: Identidad y memoria, cuya última edición presencial fue en el año 2020. Tener una historieta más comprometida con el público cubano de hoy, menos dogmática y con mayor difusión, es la divisa de los artistas para la nueva temporada que comenzará el próximo enero. Lo que sí sabemos es que los artistas contemporáneos tienen pasión por contar y es esa pasión la que hará que este arte, tan nuestro, no muera jamás.

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