Chrysalis y el escenario del webcómic en Cuba

Por: Haziel Scull

Fotos: Cortesía del autor

Vivimos en la era digital, eso nadie lo duda, y las manifestaciones artísticas están adaptando sus potencialidades para integrarse a este universo virtual sin perder su esencia. En este ambiente, alrededor de la década de los noventa del siglo pasado, surge una nueva forma de crear y consumir historietas: el webcómic.

Este se ha concebido para plataformas en línea, dígase blogs en formato cómic, sitios creados para este tipo de publicaciones específicamente; aunque en algunos casos pueden publicarse en papel, manteniendo siempre un archivo en Internet por razones comerciales o artísticas. Esta nueva forma de consumo de la historieta, con la llegada de los smartphones, se convierte de inmediato en una  opción idónea para millones de usuarios alrededor del mundo. La transformación del cómic ya la había comentado Gerardo Vilches en su Breve historia del cómic, cuando dice:

Lo que está claro es que el cómic se ha consolidado como un arte y un medio de comunicación del siglo XXI, dinámico, consciente de su pasado pero abierto ante el futuro. Se ha enfrentado al desafío de sobrevivir a un cambio de paradigma y lo ha superado con creces. Y por el camino ha ido dejando autores y obras excelentes[1].

La entrada de Cuba a esa era es tardía. Es a finales de 2018 que comienza la verdadera democratización de internet, cuando su uso se hace extensivo y llega a cientos de miles de usuarios de teléfonos inteligentes. Este hecho abrió infinitas posibilidades en términos de conocimiento, información, intercambio, y por supuesto, de consumo cultural. En este escenario los artistas de cómic comienzan a buscar espacios de nuevo tipo para mostrar sus trabajos, tanto en redes sociales como en publicaciones en formato pdf, iniciando así una suerte de renacimiento de la historieta como medio en la Isla, después del silencio que se produjo durante el Período Especial.

En este contexto crecieron Elssie Martín (La Habana, 1997) y Samantha Olazábal (Guantánamo, 1997), dibujante y guionista respectivamente de Chrysalis Academy, el primer webcómic cubano del que se tiene noticia y qué más impacto a provocado en el público[2], publicado por primera vez en septiembre del 2020 en la plataforma surcoreana Webtoon y cuyo último episodio (el número 10) apareció en noviembre del propio año. Este, aunque ha tenido repercusión, no tiene, como se podría pensar, la intensión de romper con la tradición del cómic clásico de producción nacional, ni marcar pautas de una nueva forma para hacerlo, sino más bien viene a complementar el escenario creativo existente con una nueva propuesta.

Chrysalis Academy, el primer webcómic cubano del que se tiene noticia.

Si se hace un análisis estético, se aprecia una estructura tradicional del webcómic, basada en una secuencia vertical de imágenes (en un formato grafico de una viñeta tras otra) que se lee a medida que se desliza la pantalla hacia abajo (lectura de skroll) y que busca sensación más que narración, sin  desdeñar esta última, claro está. En este caso el dibujo lo logra, con personajes que tienen una expresividad impactante y un diseño interior que se mueve con bastante solidez.

El dúo mantiene una narración que se mueve en la metáfora adolescente del descubrimiento de la vida y los problemas que esta trae aparejada. A pesar de ser la primera obra que realizan ambas autoras, en su trabajo se nota un profesional intento de dotar al webcómic de una seriedad que logran en la mayoría de las ocasiones.

Con un trazo limpio, seguro y definido, juegan con la monocromatía y las posibilidades que da la utilización de los colores narrativos para agregarle a la lectura el componente subjetivo que se centra en categoría indispensable del webcómic. El dibujo recuerda en muchos momentos, al trabajo de Chauvel Colette en su cómic Alicia en el país de las maravillas en cuanto a intensidad de la línea y la definición del área por colores. La forma del sombreado, aunque pudiera tener una ligera inspiración en los superhéroes de Marvel, se acerca más a lo que hace Arthur de Pins en Zombillenium, con esa manera fresca de empastar luces y sombras en un ambiente lúgubre sin llegar a ser terrorífico.

Chrysalis Academy, viene a mostrarnos como los nacionales podemos llegar a realizar un trabajo de calidad similar al que se realiza en el resto del mundo.

Cuando se le da una ojeada al universo webcómic, notamos que existen algunos otros con los que podemos establecer paralelismos al analizar Chrysalis Academy, uno de ellos, Lore Olympus, de Rachel Smythe, muestra semejanzas en el estilo de dibujo y la utilización de una paleta de color similar. Aunque esto no constituya, ni por asomo, algún tipo de plagio; sino que viene a mostrarnos como los nacionales podemos llegar a realizar un trabajo de calidad similar al que se realiza en el resto del mundo.

Estructuralmente, la propuesta que nos traen las autoras se mueven entre un relato fantástico, fusionado con la ruta del héroe que Eddie Campbell explica en El héroe de las mil caras, que permite ir captando la evolución de un personaje que es sacado de su área de confort a otro medio y cómo logra desarrollarse en él. En este tipo de historia es muy importante el trabajo con las diferencias temporales y los flashbacks, que en el webcómic logran reconocerse sobre todo por el uso del color y la desaparición del recuadro que encierra la viñeta, técnica que bebe directamente de autores como Will Eisner (quien en su texto teórico La narración grafica lo sugiere) y la voz en off que va resonando a lo largo de la historia, para la que encuentran una solución más tradicional.

En muchos casos las representaciones de los personajes intentan romper con los estereotipos clásicos y aunque lo logra en algunos casos (como el del profesor de la Academia), en otros no logra alejarse de los rasgos que se ven generalmente en este tipo de historias. Pretender quebrar los estereotipos es un intento constante en los artistas y solo en casos muy excepcionales, como las historias del guionista belga Zidrou o el cómic I hate Fairyland de Skottie Young por citar dos ejemplos, se logra. Por lo que tenemos entonces historias con personajes que en muchos momentos les falla su diseño interior y comprometen la obra en general.

El trabajo con los colores en el cómic es muy agradable y profesional. La utilización de lo que llamamos colores narrativos (fórmula de la que son maestras las Escuelas de cómics europeas) provoca sensaciones visuales muy acertadas. Un buen ejemplo es como en la primera imagen, vemos un soleado atardecer, que va oscureciéndose a medida que avanza la lectura y la historia; llegando un momento en que los colores se vuelven fríos y envían esta misma impresión a los lectores, que en determinado momento comienzan empatizar con el sufrimiento de la protagonista, algo semejante a lo que logra Renée Nault cuando lleva a cómic la reconocida novela El cuento de la criada.

Chloé Cruchaudet, la autora del cómic Degenerados, utiliza una técnica plástica en su obra que consiste en lograr el fondo mediante una sugerencia compuesto por líneas, formas y colores. Con esto consigue enfocar la atención sobre las figuras de los primeros planos. Aunque difieren en estilos de dibujos, la estrategia en el dibujo de Martín es la misma: concentrar al lector en los primeros planos. Esto, además, le permite jugar con las expresiones, que domina, además, de manera especial y explota el impacto de la lectura y las sensaciones. No sucede así con los planos. Aunque se observa una intención de trabajar diferentes vistas de cámara, el cómic se mueve generalmente entre los primeros y los medios planos, aventurándose en pocos momentos a experimentar con otros más atrevidos.

Habría que comentar también, como la utilización de los textos, precisos y claros, va empujando la obra, habiendo momentos incluso, donde la ausencia de imagen, convierte al texto en sí mismo en un ícono que transmite más allá de lo que dice. Esta relación que se establece entonces, inserta onomatopeyas que por momentos pueden ser inentendibles, pero la mayoría de las veces se comprenden.  

La sencillez de la historia no le resta al guion la seriedad que logra lo que evidentemente ha sido un trabajo pensado y bien elaborado. Entender que la dinámica de lectura de skroll, que es inherente al formato web, condiciona los textos, es determinante para comprender como en muchos casos la imagen se roba todo el protagonismo y subordina el dialogo a sí misma. Esto provoca en ocasiones que creamos estar viendo una película mayormente silente con los diálogos y onomatopeyas justos y precisos.

La tradición de serializar cómics es algo familiar para los cubanos, bien por las series nacionales (Elpidio Valdés, El Capitán Plin, etc.) o por consumo de las foráneas, mayormente asiáticas y norteamericanas. En cualquier caso, debido al consumo de series sin una correcta visualización y análisis narrativo-secuencial, estas han ido deformando la perspectiva de lo que es un trabajo serializado y esa deformación se transmite en los productos que hacemos los creadores de historietas. Es esta la razón por la que, en determinados momentos, el hilo que nos lleva por la historia de Chrysalis Academy, se tuerce.

Dentro de la ruptura que logró este cómic no solo está el formato web escogido, sino que cuenta también con un componente subjetivo que va de la mano con este y que bien mirado, resulta esperanzador, y es el hecho de ser una obra realizada totalmente por mujeres.

Este aparte le supone un valor agregado y no por el mero hecho de ser mujeres, sino por lo que esto significa para la hasta ahora hegemónica representación masculina en el género. Ya que salvo Somny, Roxana Díaz, Mei-Lai Fong y muy algunas otras, actualmente el panorama del cómic está nucleado alrededor no solo de autores, sino también de personajes masculinos. Por lo que la llegada de estas jóvenes autoras con una idea actual, vibrante y artísticamente agradable, es algo que el colectivo de historietistas ha de ver como un triunfo.

Llegados a este punto, considero que es necesario cuestionarle al cómic el que consideramos como su mayor pecado: la oportunidad desechada de convertirse en un webcómic de referencia para los hispanohablantes. Estamos claros en que hasta ahora cada uno de los capítulos ha estado publicándose en la plataforma Webtoon, donde la inmensa mayoría de los trabajos que se leen tienen sus textos en inglés, por lo que se comprende la intención de marketing detrás de la decisión de realizar el trabajo en esta lengua por las inmensas posibilidades que esta otorga. Sin embargo, haber realizado una versión en castellano habría ampliado su público y hubiese logrado, sin dudas, expandir el universo de impacto y a su vez llegar a consolidarse como una obra referencial dentro del webcómic iberoamericano.

Unidas en la vida por una amistad de muchos años, Martín y Olazábal entregan, con un discurso anti hegemónico e inclusivo, un producto con un acabado destacable. Estamos ante la agradable consumación de la unión de un guionista y un dibujante que saben lo que quieren y se complementan para lograr un cómic que, sin buscar la vanidad de la gloria momentánea, alcance la mayor cantidad de personas posibles cumpliendo su función de medio de masas.

Otras miradas encontrarían tal vez otros elementos cuestionables o loables pero, sin llegar a la complacencia, vemos en el producto final una lectura recomendable y que nos llevará por los recuerdos de nuestra adolescencia, dejándonos en espera del siguiente capítulo. 


[1] Vilches, Gerardo. Breve Historia del cómic. Editor digital Titivillus, 2014. Pág. 217.

[2] El autor solo encontró en la plataforma otro webcómic realizado por cubanos, Kiking Ball, del equipo compuesto por Cristopher Betancourt, Braulio Pérez Lugo, Jessie Guirola y Laura Sofía Torres; que cuenta con 12 entregas, publicadas entre junio y septiembre del 2020.

Sugerencia del autor: Alexander Izquierdo, a la derecha del cómic

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